Ideas

Guerreros del espacio

A Guillermo Peñaloza,
guerrero del espacio

En el discurso de toma de posesión en el Instituto Cultural Cabañas el gobernador Aristóteles Sandoval soltó un dato espeluznante, pero en el que casi nadie reparó: en el último sexenio en México murieron 117 mil personas atropelladas en la vía pública. Y no es que los peatones y ciclistas se hayan vuelto locos todos y los accidentes se hayan disparado de manera extraordinaria: es una tendencia que viene subiendo año con año. Esto es, en México mueren por causa de atropellamiento 50% más de los que caen en la famosa “guerra al narco”. Pero a los atropellados nadie los cuenta, ni salen en las portadas o en los noticieros de televisión, mucho menos en las columnas políticas. Nadie habla por ellos ni le grita asesino al Presidente, ni a los gobernadores, alcaldes o encargados de vialidad, por esos muertos. Los atropellados son los muertos de una guerra silenciosa, de una batalla por el espacio público en que cada año perdemos más y más terreno.

Los muertos de a pie son eso, hombres y mujeres anónimos cuya muerte ocurre justamente en el espacio donde se es nadie; son el eslabón más bajo de la cadena de movilidad. Salvo cuando, por azar (me consta que estábamos buscando otra nota) descubrimos que el transporte público en Guadalajara mataba a más peatones de lo normal, se armó un gran escándalo y una gran cargada contra los camioneros. Pero los medios erramos el tiro, pues rápido se comprobó que al menos en la mitad de los accidentes el chofer no era culpable, lo cual no le quitó la gravedad al asunto, pero dejó de ser nota porque ya no había un culpable claro, simple, llano y malo.

El Estado mexicano, todos los niveles y poderes dentro del gobierno, ha abandonado el espacio público. Concentrados en resolver un problema que no tiene solución, la movilidad motorizada (y no lo tiene porque el origen del problema de la movilidad es un modelo de ciudad basado en la corrupción), han dejado en el abandono el espacio público. Son pocos, muy pocos, los ciudadanos que han puesto el dedo en la llaga y han dado la batalla por recuperar el espacio para todos y no para los autos; unas cuantas ONGs, verdaderos guerreros del espacio, que cuelgan bicicletas blancas donde muere atropellado un ciclista; otras que hacen plantones y clausuras simbólicas cada vez que se construye un puente vehicular en lugar de 15 o 20 kilómetros de banquetas (y no es porque les guste dormir en un camellón o que los tachen, ofensivamente, de “opositodos”).

El tema de los muertos en la vía pública lo puso en la agenda de Aristóteles Sandoval el colombiano Guillermo Peñaloza, un guerrero del espacio de talla internacional, lo cual es maravilloso. Pero la pregunta es si hay en el gobierno quien convierta ese discurso en políticas públicas.
 

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