Grupo ITESO y otras fantasías
Primer acto. Pedro Kumamoto gana la diputación del Distrito 10 sin necesidad de competir bajo las siglas de un partido político. Segundo acto. Todos nos preguntamos: cómo puede ser posible, esas cosas nunca pasan. Tercer acto. Seguro le ayudó Movimiento Ciudadano, haciendo una campaña de “brazos caídos” para que el joven candidato se impusiera por el doble de votos. Pero, ¿A poco MC dejó perder a una pariente de Enrique Alfaro con tal de que Kumamoto ganara? No, seguramente no fue así. Cuarto acto. Una explicación aún mejor: el brazo largo y poderoso de los jesuitas operó en la campaña para movilizar estudiantes, clientelas y a las clases medias para darle el triunfo a Kumamoto. Eso suena mejor.
El grupo ITESO es algo así como el Grupo UdeG, pero al sur de la ciudad. Un cohesionado y compacto grupo de académicos, políticos, ex rectores y empresarios jesuitas, que se reúnen periódicamente a repartirse posiciones, negociar espacios de poder y decidir cómo van a desbancar a la UdeG como el principal actor político universitario de la ciudad. Ahí mismo, en largas reuniones nocturnas, deciden las posiciones que debe adoptar Pedro Kumamoto, desde oponerse a que Trinidad Padilla, sea procurador de Desarrollo Urbano hasta pelearse con el diputado Aubry. Todo está fríamente calculado, Pedro es un instrumento de la cúpula jesuita.
Más allá aún, el Grupo ITESO es políticamente más peligroso ya que opera en distintas canchas, y todos son comandados por el actual rector. Es el asalto al poder de los jesuitas, su anhelo histórico que concretan siglos después. Y en esa aventura, son capaces de subir al mismo barco a Rossana Reguillo, a Guadalupe Morfín y hasta a Eduardo Rosales. La transversalidad de su ideología los hace un actor político de temer.
Aunque usted no lo crea, hay gente que compra el anterior relato. Personalmente, he tenido la posibilidad de platicar con ex gobernadores, ex alcaldes de Guadalajara y hasta actuales secretarios de Estado, que coinciden en la lectura antes descrita. El ITESO como un grupo de interés, centralizado, cohesionado y homogéneo que opera a través de Kumamoto y en acuerdo abierto y explícito con Enrique Alfaro Ramírez. Un grupo que se sienta en la mesa de negociación y como lobby de presión empuja a candidatos a distintos puestos de la administración pública y que les pide cuotas a los políticos a través de sus títeres que se encuentran en la política activa.
Maravillosos ejercicios de fantasía política. Es cierto, el rector del ITESO tiene un equipo de asesores sobre coyuntura. No operadores, asesores. Normal. También que hay temas especialmente sensibles para la institución como la movilidad y el agua. Sin embargo, de ahí a creer que se ha constituido un Grupo ITESO unificado, con objetivos electorales, que busca el poder a través de Kumamoto y que reúne a una gama amplia de políticos y académicos de todos colores y sabores, es hacer pura política ficción. El ITESO, como la UdeG, tiene académicos que profesan ideologías plurales y diversas, simpatizan con el PRI, MC, PAN, el PRD o aborrecen a los partidos, indistintamente, como es natural en una institución heterogénea.
No critico a quien cree en estas fábulas de los pasquines. Incluso, el relato del Grupo ITESO me parece divertido, ameno y hasta saciamorbos. Sin embargo, dos tendencias resultan preocupantes. Una, la ausencia de modelos analíticos en el periodismo, y en una parte de la comentocracia, para explicar fenómenos políticos como la llegada de un independiente al Congreso o el cambio de signo partidista en la Zona Metropolitana de Guadalajara. La explicación, para los creyentes de la existencia del Grupo ITESO, siempre debe ser la misma: las élites se ponen de acuerdo e imponen un cambio, las transformaciones nunca pueden venir por decisión de los ciudadanos. Siempre son de arriba hacia abajo. Es la triste realidad, quienes profesan esas teorías conspirativas, tienen nula fe en el cambio; siempre piensan que lo que vemos es una mera fachada orquestada por las élites políticas, de un partido o de una universidad. Y dos, la tendencia de algunos periodistas o líderes de opinión a torpedear, ilegitimar y descalificar todo lo que suene a cambio, todo lo que suene a que las cosas puedan ser distintas. Las fantasías sobre el Grupo ITESO son el mejor ejemplo.