Ideas

Gabriel Figueroa

En una edición muy bien cuidada por Jaime Soler Frost, publicada por la UNAM y el Equilibrista, aparecieron en 2005 las Memorias de Gabriel Figueroa (1907-1997), el legendario fotógrafo de la época de oro del cine mexicano. En la presentación, que es una carta del hijo del camarógrafo al editor, se lee que el texto se debe al esmerado trabajo de Juan Antonio Mateos, diplomático y escritor que con gran paciencia grabó y redactó a lo largo de años los recuerdos de su tío Gabriel.
La vida de Figueroa fue larga, y su filmografía también: participó en 235 películas en más de medio siglo de trabajo ininterrumpido, desde Revolución (1932, Miguel Contreras Torres) hasta Bajo el volcán (John Huston, 1985). Uno de los atractivos de leer memorias sobre el cine de la primera mitad del siglo XX es que era todavía un mundo bastante reducido donde prácticamente todo mundo se conocía, no sólo en el medio cinematográfico de México, sino incluso a escala mundial. Figueroa trabajó con directores como John Ford, John Huston, Luis Buñuel, El Indio Fernández y con todos los actores y actrices imaginables. Como en su juventud había pasado temporadas en Hollywood, mantuvo siempre el contacto con mucha de la gente más importante del cine. También era amigo de buena parte de los artistas y los intelectuales del México de la época (de los cuales la gran mayoría se alinearía sumisamente en la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios). Gabriel Figueroa era miembro de una prominente familia liberal que prosperó aún más después de la Revolución. Su abuelo paterno fue don Juan A. Mateos, un abogado juarista y autor de novelas y obras de teatro que además era cuñado del Nigromante. Figueroa fue asimismo figura importante en la temprana organización profesional y gremial del cine mexicano, y en las actividades sindicales y rifirrafes entre centrales obreras le fue de gran ayuda como abogado su primo hermano Adolfo López Mateos. En 1946 funda la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de México. En 1950, con Los olvidados, comienza su trabajo para Luis Buñuel, con quien también haría Él, Nazarín, Los ambiciosos, La joven, El ángel exterminador y Simón del desierto. En la lista de premios que recibió Figueroa a lo largo de su carrera no se pone el Sol e incluyen la mayor parte de los grandes festivales. Da gusto encontrar en el panorama nacional unas memorias escritas con tan buen estilo y que tan bien reflejan a un personaje amable y campechano, que sabe contar su vida y milagros con gracia y naturalidad. Ahí es donde intervinieron decisivamente los buenos oficios del embajador Juan Antonio Mateos, pues de otra forma es más que probable que los recuerdos de Gabriel Figueroa habrían quedado en el tintero, como se quedan desafortunadamente en nuestro país tantos que merecerían escribirse.
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