Ideas
G.K. Chesterton: la Epifanía
“Tres cosas prefiguraban y prometían los regalos en el portal de Belén acerca del Niño que los recibió: que sería coronado como Rey, que sería adorado como Dios, y que moriría como Hombre. Y podría sonar a zalamería oriental, de no ser por la tercera.”
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“El antiguo relato no deja de ser un tanto raro: cómo llegaron de tierras del Oriente, coronados de la majestad de los reyes y revestidos del misterio de los magos. Esa verdad que es la tradición los evoca sabiamente casi como una incógnita, tan misteriosos como sus nombres arcanos y melodiosos: Melchor, Gaspar, Baltasar. Pero con ellos llegó todo aquel mundo de sabiduría que en Caldea había observado los astros y en Persia el sol; y no erramos si en ellos vemos la misma curiosidad que mueve a todos los sabios. Representarían el mismo ideal si sus nombres auténticos hubiesen sido Confucio o Pitágoras o Platón. Eran los que no buscaban mitos, sino la verdad de las cosas, y dado que su sed de verdad era en sí una sed de Dios, también fueron recompensados. Pero incluso para entender cuál fue su premio hay que comprender primero que para la filosofía, tanto como para la mitología, tal recompensa significa completar lo inacabado.”
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“Es todo lo que hay en nosotros de una breve ternura que ahí se vuelve eterna; todo lo que no significa más que una blandura que de alguna extraña manera se convierte en fortaleza y en reposo; es aquel balbuceo y aquella palabra olvidada que surgen y aparecen completos, mientras los Reyes forasteros se pierden en lontananza y en los montes vecinos ya no resuenan al paso de los rebaños, y sólo la noche y el establo quedan guardados entre los repliegues de algo más humano que la humanidad.”