Ideas
Fray Asinello
In memoriam G.Z.E.
Hace menos de un mes, el 25 de agosto, murió en Guadalajara el gran poeta que llevó el seudónimo de Fray Asinello y que fue el muy ilustre señor canónigo don Benjamín Sánchez Espinosa, nacido en esta ciudad en 1923. Desde su ingreso al Seminario Conciliar de Señor San José en tiempos borrascosos descubrió su vocación literaria. Su poesía es reflejo de una sólida formación humanística y de su cercanía a los grandes autores de la lengua castellana de todos los tiempos. Fue catedrático de literatura en el Seminario, recibió el orden sacerdotal de manos de monseñor Garibi en 1957 y en 1978 se le nombró canónigo magistral de la Catedral de Guadalajara, donde como predicador titular del Cabildo fue heredero de ilustres predecesores como don José María Cornejo y don José Ruiz Medrano. En 1960 recibió el Premio Jalisco de Literatura por su Romancero de la Vía Dolorosa de un jurado compuesto por José Cornejo Franco, José Guadalupe Zuno y Alberto Rosas Benítez. Todavía hace falta un estudio serio de la poesía de Fray Asinello, que como su hermano mayor Alfredo R. Placencia merece una atención infinitamente más grande de la que se le ha dado. Ojalá que el maestro Ernesto Flores, amigo de Fray Asinello y el gran especialista en Placencia, publicara algo de lo mucho que merece ser dicho de su obra. En 1991 la UNED publicó Espejo y enigma, que recoge buena parte de la producción del Hermano Burrito que ahora trota ya por los verdes prados del Señor. De ahí su poema “A la Muerte”: Lentamente te engendro, Amada mía… Muerte, yo te siento presente [en mis entrañas como presiente el árbol a su fruto en los jugos que suben por sus ramas. ¡Fruto del tiempo azul y de mi vida, lentamente te engendro en mis entrañas! Voy gestando tu ser hora tras hora, oh, dulce Muerte; ya mis venas pálidas llevan mi vida al cauce de tu vida, mis arroyos se fugan a tus playas. Vivo para que nazcas, hija mía, y en el primer instante de mi nada tu vagido sea el eco de mi grito y tu llanto la esencia de mis lágrimas… Déjame aquí esperar, bajo la lluvia de tus leves pisadas, que acercándome al borde de mi tumba me acercan a la cuna de mi amada… Ya trazan tu camino los luceros en la tarde preclara; cantan tu nacimiento los cipreses con su salmodia negra y esmeralda… Sal y rompe los sellos de mi vida, haz añicos el mármol de mis ánforas para vivir, oh Muerte, con tu vida, vida sin tiempo, vida sin etapas.