Firmeza en el carácter y marcada personalidad
Por Xavier Toscano G. De Quevedo
De los rasgos que puntualizan a las personas que alcanzan el existo, uno de los más significativos es su sello de personalidad. En ella se ven expresados un amplio número de distintivos como son: la firmeza de carácter, la voluntad, la energía para siempre ir hacia delante a pesar de las adversidades, y la convicción y congruencia en las ideas y valores. Cualidades que únicamente se amalgaman en aquéllos individuos que logran escalar los difíciles peldaños del éxito en la vida.
En el entorno de nuestro Espectáculo Taurino, que formó desde sus inicios y continúa hasta el día de hoy constituyendo una parte importante en la vida de muchas personas, encontramos en sus dos principales protagonistas, primero en su majestad el toro bravo y seguido de los toreros, dos entes que tiene muy bien definidos sus rasgos de personalidad, que cuando han sido bien encaminados, dan como resultado el éxito.
No podríamos discutir que a partir del nacimiento de nuestra fiesta, el eje central del espectáculo; su majestad el toro bravo ha tenido en infinidad de ocasiones sus incuestionables momentos de decepción, es decir un magro comportamiento que se define como mansedumbre —misterio que ha acompañado al toro bravo durante su ya dilatado trayecto— pero también deberemos establecer que durante ésta historia han existido grandes protagonistas de nuestra fiesta que son los precursores del toro bravo, que imprimiendo su recia personalidad y su marcando carácter, lograron la definición en las características y el comportamiento de sus ejemplares y hoy varios siglos después se sigue hablando con orgullo de la “Casta de Vistahermosa” que fundara en el año de 1792 Pedro Luis de Ulloa, primer Conde de Vistahermosa.
Al cabo de varios años y siempre procediendo con inflexible y rigurosa selección —buscando únicamente la imprescindible y vital bravura— consiguió Pedro Luis de Ulloa colocarse a la vanguardia de todos los demás ganaderos de su época. Fue tan importante su labor y tanto más marcada su influencia que casi terminaron por apagarse las demás castas del toro bravo que por aquel entonces existían en España, y es a partir de entonces que emanan de “Vistahermosa” el nacimiento de las estirpes del toro bravo actual.
En el año de1850 y valiéndose acertadamente de la labor del Conde de Vistahermosa, surge el encaste Saltillo, con el sello característico y la personalidad que imprimió Antonio Rueda Quintanilla “Marqués de Saltillo” a sus bravos, duros y temperamentales toros, que las figuras de aquella época buscaban, a sabiendas de las dificultades que les generaban durante su lidia, pero consientes que de igual forma un triunfo con los “Saltillos” repercutiría en su fama y posición dentro de la fiesta.
Poco tiempo después que Saltillo, también derivado de Vistahermosa, nace el encaste Murube en 1863 por el trabajo realizado por Dolores Monge de Murube. Más tarde aparece el encaste Parladé formado previamente gracias a la labor exitosa de Eduardo Ibarra y continuada una década más tarde por Fernando Parladé, siendo en la actualidad el pilar que sostiene prácticamente la mayor parte de la cabaña brava española. Y finalmente no podemos olvidar el último gran constructor del toro bravo en los comienzos del siglo XX el “Conde de Santa Coloma” con su magistral encaste integrado por la fusión de toros de “Saltillo e Ibarra”. Derivado de la labor exitosa de estos ilustres ganaderos que lograron imprimir su muy particular personalidad y carácter a sus toros, es como ha ido creciendo y multiplicándose por la geografía taurina su majestad el toro bravo, y como consecuencia lógica la fiesta brava.
Como todos sabemos, con la llegada a nuestro continente de los españoles durante la conquista, nacen también los primeros festejos taurinos en nuestra patria, ya que estos formaban parte importante en la cultura y costumbres de los conquistadores. No obstante que el arribo de las reses fue inmediato para el abasto y sustento de los nuevos colonizadores, deberemos considerar que el nacimiento de nuestra cabaña brava inicia realmente a finales del siglo XIX y principios del XX con la importación de reses bravas principalmente de la estirpe Saltillo, sin olvidarnos de las apariciones aisladas de otros encastes.
En nuestro país, igualmente que en España, encontramos reflejada la personalidad y el carácter en la labor ganadera de dos importantes personajes: Antonio Llaguno González creador del encaste San Mateo, y la familia González, históricos ganaderos de Tlaxcala con su extraordinaria labor genética abanderada por la casa de Piedras Negras. Personalidad bien delimitada en ambas casa, reflejada en el comportamiento de sus toros, que han sido el sostenimiento y son las columnas de nuestra fiesta, que hoy gracias a la continuidad responsable de nuevos creadores de “reses bravas” podemos seguir —aunque sea a cuenta gotas— disfrutando en nuestro país.
Sin embargo para desgracia e infortunio de nuestro hoy vapuleado y desprestigiado espectáculo taurino; el egoísmo, la irresponsabilidad, la nula y extraviada personalidad, y el carácter mediocre de algunos “¿ganaderos?” que para nuestra desgracia, tienen secuestrada a la fiesta de nuestro país, venimos soportando en todas las plazas, la aparición de animales sin ninguna bravura, y de escasísima presencia, características que definen la insignificante y endeble personalidad de sus creadores.
En el espectáculo taurino, los grandes ganaderos de la historia han caminado en las plazas del mundo mostrando su jerarquía y personalidad. Pero ante todo este sello que los distingue, se tendrá que ver manifestado, cuando en el ruedo esté presente el eje central y único de ésta fiesta: su Majestad El Toro Bravo.