Ideas

Fernando: héroe de mil batallas

Fernando Topete Zepeda pronto cumplirá 16 años –en el próximo diciembre habrá que hacerle una gran fiesta–, es hermano trillizo de dos lindas y perseverantes chicas: Alexa y Regina; los tres hermanos nacieron con parálisis cerebral. A estas alturas Alexa ha superado 100% su condición y tanto Regina como Fernando van en vías de lograrlo. Recién nacido, Fernando cabía en la palma de la mano y sobraba palma; casi nulas eran las probabilidades de sobrevivir, según la opinión de los médicos, no contaban con que la vulnerabilidad que acarrea la parálisis cerebral sería compensada con un caudal de atributos y virtudes resumidas en el poder de la convicción que han manifestado los trillizos y sus padres. Con frecuencia, menor a la deseada, charlo con Fernando; detengo mi auto cuando él camina hacia su casa y le ofrezco llevarlo, rotunda e invariablemente se niega, prefiere caminar como parte de una serie de esfuerzos, físicos e intelectuales, que a diario realiza. La charla es breve, pero intensamente cálida; quizá así la percibo porque me doy cuenta que vive con una continua sensación de superación que le ha permitido enfrentar, a su modo y acomodo, todos los enormes retos que el destino le ha puesto. Desde hace años que conozco a Fernando; sus padres, Fernando y Marcela, inspirados por los trillizos han formado una de las instituciones más sólidas y serviciales que existen en Guadalajara para la atención a niños y jóvenes con algún tipo de discapacidad. Juntos por un Caminar es el nombre de la institución. Martita, mi hija, asiste tres veces por semana a la práctica de la natación. Práctica que le deja enormes beneficios rehabilitadores. En estos años, la cercanía con Fernando me ha movido de la ternura a la admiración; apreciar cómo ha superado el imbricado trabajo de su rehabilitación es entender lo que de él vemos, la lectura del ejemplo de este chico debe hacerse más profunda que aparente, pues contiene un sentido mayéutico de lo que es la discapacidad; el esfuerzo permanente y arduo de Fernando le ha abierto su vida hacia el futuro, un futuro que los médicos supusieron abolido. El desafío hercúleo que significa la cita de este inigualable chico con cada día, lo ha resuelto estableciendo una alianza entre fuerza de voluntad y amor a la vida. Es justo y necesario reconocer que detrás de los diarios triunfos de Fernando, están las amorosas manos de sus padres que lo han apoyado para evadir el tortuoso futuro que le esperaba. El ejemplo de esta familia nos ayuda a entender que en ocasiones son vanos los alegatos para dilucidar entre lo posible y lo imposible; en otras palabras, la familia Topete-Zepeda eliminó de su diccionario, hace 16 años, las palabras “no se puede”. La discapacidad es una red de símbolos que solamente la cercanía con las personas como Fernando Topete Zepeda nos ayudan a descubrir; así lo han comprobado personal de servicio, trabajadores de la construcción, socios y todos aquellos con los que charla Fernando, inquiriendo e informándose. En el fondo, el ejemplo de Fernando nos invita a poner en práctica –nunca es tarde– la recomendación “socrática” que afirma que una vida sin examen no merece ser vivida. Esperemos que al examinar la nuestra, pensando en los seres como Fernando, nos provoque entre otras cosas, la sensación inenarrable del amor. Amén de los amenes.
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