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Felices cumpleaños y Fiestas Patrias

por norberto álvarez romo (nar@megared.net.mx) Hoy, 27 de septiembre de 2011, se cumplen 190 años de la toma de la capital mexicana encabezada por quien ese mismo día también cumplía sus 38 años de edad: Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, mejor conocido ahora como Agustín I de México. Un día después de la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, el 28 de septiembre de 1821, Agustín de Iturbide ordenó que la Suprema Junta Provisional Gubernativa sesionase temprano para elegir al Presidente de la Regencia del Imperio y por la tarde suscribiera la Independencia de la nueva nación. La presidencia de la Regencia recayó en su persona y esa misma tarde se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, el documento fundador de la soberanía imperial y, por ende, de la nación mexicana. De Iturbide se enroló en el Ejército realista a la temprana edad de 14 años. Se negó a participar en la insurrección contra los españoles, dirigida por el cura de Dolores, y defendió su ciudad natal (hoy Morelia) contra las fuerzas revolucionarias. Por su notable actuación se le otorgó el ascenso a rango de capitán. Luego combatió a las guerrillas indígenas, lo que le valió un nuevo ascenso. Posteriormente, fue nombrado comandante general de la provincia de Guanajuato, donde se distinguió por su implacable persecución de los rebeldes. Sin embargo, diversas acusaciones entre abusos de autoridad y malversaciones propiciaron que el virrey Calleja lo destituyera. No obstante, fue absuelto de todos los cargos gracias al apoyo de un auditor cómplice. A los 37 años fue nombrado comandante general del Sur con la encomienda de sofocar la insurrección de Guerrero, una de las últimas que continuaban. Al no conseguirlo, mejor se reunió con éste y juntos presentaron el llamado Plan de Iguala, en el que se proclamaban tres garantías: la independencia de México, la igualdad de derechos para españoles y criollos y la supremacía de la Iglesia Católica en todo el país. Rápidamente, el Ejército trigarante pasó a dominar todo el territorio mexicano. En vista de ello, el nuevo representante del Rey de España se les unió firmando el tratado por el que se reconocía la independencia de México. En un gesto con cierto aire napoleónico, un año más tarde, de Iturbide se autoproclamó emperador; pero muy pronto se enfrentó a una conspiración de carácter republicano. Decidió entonces disolver el Congreso y nombró una Junta que actuaba por completo a su servicio. En contra de estas medidas, el general Santa Anna resolvió proclamar la República Mexicana, cuyo apoyo de otros generales fue inmediato (incluso de las tropas que en principio debían acabar con la revuelta). Finalmente, de Iturbide se vio obligado a exiliarse en Europa. Al año volvió por Tamaulipas, ignorante de que aquí había sido condenado a muerte. Detenido a su llegada, fue fusilado a la edad de 41 años. En 1838, sus restos fueron trasladados a la Ciudad de México, inhumados con honores en la Catedral Metropolitana y exhibidos en una urna de cristal. Su nombre en asociación con la Bandera Nacional (tricolor=trigarante) fue conservado durante mucho tiempo en la letra original del Himno Nacional, la cual fue suprimida en 1943. Paradójicamente, el sable que utilizó durante el desfile de entrada del Ejército Trigarante a la capital, fue colocado en el salón del Congreso junto con los nombres escritos en letras de oro de los insurgentes a quienes tanto había combatido.
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