Elegía para un inmortal
Por Dolore Tapia
Me uno a la enorme tristeza global con la que el universo de las artes ha resentido la muerte del gran maestro Paco de Lucía. Un hombre y un espíritu que impregna a la razón de una poética de manantial que nace desde los años setenta. Una época profunda, mística y revolucionaria, donde algunas cosas como la música, la literatura, la danza, la misma poesía se tomaron en serio. Una poética caudal, guerrillera, transformadora. El mundo de la música está de luto. El mundo del flamenco está de luto. El mundo de la danza está de luto. El mundo de la escena está de luto. Todos estamos de luto.
Paco de Lucía creció en un barrio gitano de Algeciras en los años cincuenta en Andalucía–en la región se ha declarado de manera oficial que habrá tres días de luto. Mamó de sus padres y de su entorno el arte de la guitarra flamenca. Tomó para el arte de su madre el nombre (Lucía), ya que Paco fue bautizado hace 66 años como Francisco Sánchez Gómez.
Revolucionó la música, sin miedo y con respeto, al lado de Camarón, su amigo –época a la que catalogó como la más feliz de su vida- , hicieron once discos juntos entre 1969 y 1977. Paco se unió e impulsó el movimiento de flamenco fusión con músicos jóvenes entonces como Jorge Pardo (Paco de Lucía interpreta a Manuel de Falla). Hicieron pues un flamenco que traspasó fronteras, hirió susceptibilidades, retrasó el camino y marcó la historia.
Conformó un trío maravilloso con Al Di Meola y John Laughlin en los años ochenta. Se hizo acreedor a premios enormes como El Príncipe de Asturias por allá en el 2004 y a pesar de su triunfo mundial fue prefiriendo discretamente una vida oculta, cerca de su familia. Jugaba con sus hijos junto a la playa antier, cuando murió en Tulum.
México fue un país que quiso y que le quiso, como Cuba, a donde pensaba regresar para vivir, lo dijo varias veces y sus palabras me recuerdan el amor insondable que tuvo el grandísimo Antonio Gades a la isla revolucionaria, donde el bailarín está enterrado. Paco planeaba, por lo menos se sabe de palabra, grabar un disco con los Van Van y su muerte me recuerda a esas multitudes llorosas, inconsolables que tomaron las calles, las redes sociales, los medios de comunicación en diciembre del 2010 cuando falleció Enrique Morente… O en el 2004 cuando murió Antonio… o el lejano julio de 1992 a la muerte de Camarón…
De Paco quedará siempre la rumba “Entre dos aguas2, producida en 1973, “Cositas Buenas2 disco con el que ganó el Grammy en el año 2004 y que es catalogado por la crítica como su obra maestra, queda pues “Solo quiero caminar” (producción de 1981) y “Live One Summer Night “(1984) Como una elegía ancestral, hoy… Lo llora Silvio Rodríguez, lo llora José Merce, Curro Romero, Lo llora Tomatito, su familia, sus amigos… Lo lloramos todos.