Ideas

El teatro de la vida

Cada sexenio, trienio o equis cantidad de años, la función se repite. Es quizá una de las puestas en escena que más se monta en la ciudad, aunque a nadie nos guste.

No hay placa conmemorativa, ojalá la hubiera, tal vez así recordaríamos que siempre pasa lo mismo; que los actores (funcionarios públicos, en este caso) repiten sus parlamentos aunque desempeñen un rol diferente; pero eso sí, cada vez es como si fuera la primera. Son buenos actores, ¡cómo no! O quizá es que incluso ahí, en el teatro de la vida, también nos convertimos en un público absolutamente complaciente.

Me estoy refiriendo al tema del patrimonio. No es asunto de incunbencia en esta columna, lo sé... pero la verdad es que lo he identificado como un “teatrito”, y bueno... pues ahí sí cabe, ¿no?

Tras el desplome de una pared de la Casa Castiello, algunas almas han alzado sus voces por su conservación, y se ha desatado la locura –pienso ahora mismo, no sé por qué, en la ira– con esta costumbre que tienen las autoridades de abandonar el patrimonio a su suerte y de decir cosas como: “No tenemos la autoridad para llevar a cabo acciones, solamente podemos hacer recomendaciones”. Algo así. Y entonces se lavan las manos y se pasan la bolita: quesque eso le corresponde a tal... que no que no... que es tarea de guachingeiris y bla, bla, bla hasta el infinito y más allá.

Yo pienso. Si el patrimonio les importa un cacahuate (lo creo así por la cantidad de casas que están a nada de venirse al suelo, y las muchas otras que están “apuntaladas” por fuera y totalmente desintegradas por dentro), pues que lo digan. Que tengan las agallas y que nos digan que lo mejor es destruirlas para construir depas de caché, que esa es la única forma de que esta leal ciudad prospere, que está totalmente “out” esa arquitectura y que lo de hoy son las construcciones verticales; que la única forma de “hacernos” de un dinerito es destruyendo la historia de la ciudad.

Pero por favor, ya dejen de echarse la bolita y de esconderse cuando se les busca para saber qué cuernos va a pasar con la Casa Castiello y con las otras viviendas patrimoniales que están abandonadas en la ciudad.

Y aprovechando, basta con el rollo súper “pro” de asegurar que se actualizará la Ley del Patrimonio Cultural y Natural del Estado de Jalisco, que tiene años y felices días esperando que algún diputado se acuerde de su existencia. Yo, de verdad, ya paso de ver esta pésima obra de teatro.

lexeemia@gmail.com
 

Sigue navegando