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El simbolismo de los Reyes Magos

No obstante el gran desenvolvimiento tecnológico de estos tiempos, que ha causado una gran ola revolucionaria que esta cambiando acciones, mentalidades y estilos de vida, aún subsiste en lo más arraigado de las culturas de todos los tiempos, la hermosa leyenda de los Reyes Magos, que venidos de Oriente, han de acudir presurosos a rendir pleitesía al niño Dios recién nacido, allá en un lugar ignoto del Mundo Antiguo, Belén de Judá, a donde llegaron de lejanas tierras diciendo “¿dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer pues hemos seguido una estrella y vernos tras allá, ya que la consideramos como nuestra guía?”

Al ver la estrella y seguirla, sintieron un gran gozo y así llegaron a la casa que buscaban, y viendo a María, su madre, y de hinojos le adoraron, y abrieron sus cofres, le ofrecieron oro, incienso y mirra.

Estás son las líneas principales del Evangelio según San Mateo, que constituyen la única mención de los reyes magos en los textos sagrados. “Los evangelios” de Marcos, Lucas y Juan no hacen ninguna referencia a estos emblemáticos personajes. Sin embargo, Mateo no da el nombre de ellos. El número de tres se deduce generalmente de los tres dones mencionados: oro, incienso y mirra. Todo lo demás surge de los textos apócrifos y de la leyenda, incluso los nombres de Gaspar, Melchor y Baltasar.

La versión de un cuarto rey mago venido de más lejos que los otros que llegó tarde a la cita de Belén, y anduvo errando hasta el viernes santo, se desprende de varios relatos, como el del pastor norteamericano Henry L. Van Dyke (1852 – 1933) y del alemán Edzard Schaper (1908 – 1932) que se inspiro en un relato ortodoxo ruso.

Por supuesto, hay muchas obras contemporáneas, en donde se analiza y se interpreta la mitológica existencia de estos personajes, que aún actualmente, se les recuerda y se les respeta su tradición legendaria, misma que sigue siendo una de las más hermosas ilusiones de la niñez de todos los tiempos, principalmente de México y de otros países latinoamericanos, que se mantiene viva y enhiesta, pues el seis de enero de cada año continua siendo una fiesta espléndida, en donde además de los regalos que traen en la noche de reyes a lo menores, el seis se celebra con la partición de la rosca de Reyes, sino de generosidad y de la munificencia de éstos idílicos personajes, recordamos también un antiguo tango, “Noche de Reyes” cuyo tema es toda una tragedia causada por la infidelidad de una fémina.

Entre los libros que recordamos, está, verbi gratia, el de J. B. Priestley, “Los Magos”, en donde su tesis principal gira en torno  a toda la humanidad, la belleza y la dulzura de la parábola de los tres reyes magos, pero que se convierte en una sátira zumbona y no siempre divertida de nuestra sociedad contemporánea.

En lugar del humilde pesebre de Belén, estos tres magos de nuestro tiempo acuden a dejar sus dones en un medio poblado por dividendos, producción en masa, directorios y hombres serios, pero muy serios, preocupados por la publicidad de alta presión, dirigida a la psicología de las multitudes.

Pero, como en la parábola del pesebre, es la humanidad toda, son los hombres buenos, humildes y maravillosos de la tierra los verdaderos destinatarios de sus más preciosos dones.

Hay otro libro sobre el mismo tema. Nos referimos al de Michel Tournier, “Los Reyes Magos”, que se refiere a la vida fascinante y misteriosa de Gaspar, rey de Meroe, Gaspar; rey de Nippur; Melchor, príncipe de Palmira y un cuarto, Taor, príncipe Mangalore.

¿Quiénes eran realmente los Reyes Magos?, se pregunta Michel Tournier. ¿De dónde venían? ¿Por qué abandonaron sus respectivos reinos?

La historia y la leyenda lo ignoran, pero la imaginación de este autor, que se precisa de tratar los más intrincados temas, podía resolver el enigma. Gaspar, el rey negro, deslumbrado por la claridad de la escala blanca, tenía una honda pena de amor. El joven Melchor, destronado por un golpe de Estado, vivía un peligroso destino político. Baltasar, rey mecenas y artista, buscaba la rehabilitación de la imagen maldecida por el Antiguo Testamento. Pero el autor retoma también una vieja tradición, según la cual un cuarto rey mago no está mencionado en el Evangelio porque, venido de muy lejos, llegó demasiado tarde a la cita de Belén. Este supuesto cuarto rey mago, llevaba como regalo para Jesús, un diamante, símbolo muy representativo en la antigüedad. El destino de Taoir, príncipe de Mangalore, es el más conmovedor y glorioso. Encontró la Eucaristía y se transformó después de San Juan Bautista, en el primer mártir de la Cristiandad.

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