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El obelisco de Luxor

El monumento más antiguo de París no es galo ni romano, y es mucho más viejo que la ciudad misma. Fue erigido por el faraón Ramsés II a la entrada del templo de Luxor en el siglo III a.C. Una exposición inaugurada a finales de marzo en el Museo de la Marina cuenta la odisea que fue el traslado desde la antigua Tebas (su lugar de origen en el alto Egipto) hasta París del que es hoy el monumento central de la enorme Plaza de la Concordia.


En 1828, el sabio Jean-François Champollion, quien había logrado descifrar los jeroglíficos de la piedra de Roseta visitó Luxor. A principios del año siguiente, el pachá de Egipto Mehemet Alí regaló al rey de Francia los dos obeliscos frente al templo, en señal de amistad del imperio otomano, pero los franceses decidieron llevarse sólo uno. Es un monolito de granito rosado de Asuán que pesa 227 toneladas y mide 23 metros de altura. Sus cuatro caras tienen jeroglíficos con dedicatorias del faraón al dios Amón-Ra. El obelisco funciona como gnomon de un enorme reloj de sol; en el piso de la plaza pueden verse los números de las horas.


El rey Luis Felipe eligió el sitio para instalar el obelisco con buen olfato político: se trataba de la antigua plaza de Luis XV, que después perdió su estatua ecuestre del rey y durante el terror se convirtió en la Plaza de la Revolución, donde funcionó con asiduidad la guillotina. El obelisco, exótico y políticamente neutro, llegó a pacificar un espacio urbano de enfrentamiento literal y figurado entre los franceses, en adelante llamado precisamente Plaza de la Concordia.


La exposición, titulada El viaje del obelisco, relata una de las mayores hazañas de la ingeniería del siglo XIX. El viaje, sus preparativos y el destino final del obelisco fueron estudiados en todo detalle por Champollion y por el ingeniero naval Apollinaire Lebas, quien además tuvo que inventar maquinaria especial para moverlo. No sólo hubo que quitar el obelisco de su pedestal, sino acostarlo y empacarlo con infinito cuidado (no se podía desmontar, pues es una sola piedra), protegiendo las inscripciones. Se construyó en los astilleros de Tolón, en la Costa Azul, un barco especial, también llamado Luxor.


El 19 de diciembre de 1831 el monumento fue embarcado, pero la navegación sólo empezaría en agosto de 1832. El recorrido del Nilo duró hasta enero de 1833. Después de tocar varios puertos en el Mediterráneo, el Luxor cruzó el estrecho de Gibraltar y en agosto atracó en Cherburgo. De ahí bajó por el Sena hasta París, donde llegó el 23 de diciembre al puente de la Concordia.


Después de terminar las grandes obras públicas en la plaza, el 25 de octubre de 1836 el monumento se colocó sobre su nuevo zoclo de granito bretón. El rey lo inaugura, la orquesta toca La Flauta mágica de Mozart y cerca de un cuarto de millón de parisinos ven cómo se levanta el obelisco dos veces milenario en el corazón de su ciudad.


El obelisco, exótico y políticamente neutro, llegó a pacificar un espacio urbano de enfrentamiento literal y figurado entre los franceses, en adelante llamado precisamente Plaza de la Concordia

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