El laúd y la vihuela en Nueva España
La historia cuenta que en 1519 Hernán Cortés pisó la tierra de Veracruz junto a un pequeño grupo de soldados. Entre ellos desembarcaron también Cristóbal Ortiz, ejecutante de vihuela y viola, y maese Pedro, arpista, ambos encargados de alegrar las horas de descanso de sus compañeros. Esta pequeña anécdota histórica representa en realidad el primer ejemplo de música instrumental en Nueva España. Ejemplo que pudo ser continuado solo unas décadas más tarde, cuando la situación política y social del que un día sería México lo permitió: siguiendo las nuevas sensibilidades musicales del continente europeo, a partir del siglo XVII tambié en el Nuevo Mundo se empezó a cultivar, además de misas, obras vocales de diferente tipo, este nuevo género puramente instrumental. La historia de la música instrumental es realmente fascinante: después de la Edad Media en donde el dominio del canto litúrgico había excluido casi totalmente la difusión y la evolución de los instrumentos, a partir de las últimas decadas del siglo XV la música europea comenzó a cambiar. La vihuela, el órgano y el laúd, antes vistos como instrumentos capaces solamente de acompañar superficialmente fiestas y momentos sociales, empezaron a ser reconsiderados y vistos como instrumentos nobles, autónomos y llenos de grandes cualidades.
Este nuevo género respondía a exigencias completamente diferentes a las de la música vocal, tanto en Europa como en América: el público ya no era el de las comunidades indígenas o de los fieles en las grandes Catedrales de Puebla o de la Ciudad de México, los espacios ya no eran las inmensas capillas o las grandes salas de los Palacios de los virreyes. Los nuevos instrumentos como el laúd, la vihuela (instrumento de la familia del laúd, típicamente español), la tecla o el arpa, exigían intimidad, delicadeza, siendo su volumen más pequeño y frágil. Se trataba por lo tanto de música casi individual, que se tocaba en ocasiones familiares o aristocráticas muy íntimas. Así fue en España, sobre todo con instrumentos de cuerda. Y de la misma manera en el Nuevo Mundo: guitarra, laúd y vihuela empezaron a llenar lentamente los hogares de los colonizadores con su sonido íntimo y cálido, refinado y abstracto. Los primeros fueron de hecho los “tientos”, pequeñas composiciones polifónicas para instrumentos de cuerda parecidas a las fantasías, y danzas como las pavanas, la “zarabanda” y el minuete, como demuestra un hermoso “Método de Citara” novohispánico de la segunda mitad del siglo XVII. En fin, pequeños ejemplos, seguramente menos relevantes de los que hemos visto hasta ahora con la musica vocal, pero indudablemente fascinantes y fundamentales ya que con ellos se abre lentamente el camino por donde pasará, unas decadas más tarde, la música instrumental italiana.