Ideas

¡El estorbante está de luto!

Hace muchos años cuando, siendo niño, acompañaba a mi padre, Fernando Adolfo Alonso Avilés, por todos lados cuando tenía que narrar algún partido de futbol, beisbol o inclusive una corrida de toros, me bautizó Don Jorge Zúñiga y Campos —una de las mejores voces comerciales que ha dado México, y en aquellos años 60’s la voz comercial de Cervecería Moctezuma, compañero de mi padre en innumerables eventos deportivos—, en tono jocoso, como “el estorbante”, al saludar a mi padre con su peculiar estilo y gran voz: “mi querido Alonsín trajo usted a su estorbante”. Ante lo cual mi padre sonreía y solía  responder: “no, es el pequeño de mis hijos y mi jefe de seguridad”, haciendo alusión a mi tamaño y corpulencia. Ninguna de estas dos cosas ciertas, puesto que fui el mayor de seis hermanos, y mi padre jamás necesitó gente de seguridad, pues tuvo buena fama de aguerrido y hombre cabal, además de ser reconocido y estimado por quienes le conocieron. Mi padre fue un hombre de buena estatura y complexión fuerte, producto del trabajo que su padre, mi abuelo don Emilio Antonio Alonso López, emigrante español procedente de Asturias en 1907, le enseñó a realizar desde muy pequeño, cargando y descargando cartones de cerveza que llegaban a nuestra querida Iguala, Guerrero, vía tren, para ser repartidos después en buena parte del Estado, donde mi abuelo paterno tenía la concesión de Cervecería Moctezuma. Ese rudo trabajo le ayudó a generar una férrea disciplina y un cuerpo vigoroso y fuerte, que le ayudó a vivir 80 años  y soportar un atropellamiento cuando cubría a bordo de una motocicleta una Vuelta Ciclista a México que pasaba por Puebla en esa ocasión, cuando un automovilista imprudente no hizo caso de las indicaciones de los encargados de vigilar el tránsito y arrolló a gran velocidad la motocicleta en que viajaba mi padre haciendo su trabajo, provocándole múltiples fracturas por todo el cuerpo y pérdida de piel en las manos y parte de sus piernas. Se recuperó y volvió a cubrir eventos ciclistas organizados por el Instituto Nacional de la Juventud Mexicana, que dirigía su amigo de la infancia y querido compadre Píndaro Uriostegui Miranda.

Tuvo por años el gusto de trasmitir los Campeonatos Estatales de Futbol, en nuestro querido Estado de Guerrero, donde hizo infinidad de amigos, y la gente recuerda con cariño esas narraciones que abarcaban todo el Estado, cubrió los Mundiales de Futbol en México70, Argentina 78, España 82, México 86. EU 94, y Juegos Olímpicos en México 68, Munich 72, Montreal 76 y Moscú 80: narró al lado de grandes figuras y compañeros como Gustavo Armando Calderón, Ángel Fernández, Fernando Luengas, Fernando Marcos, Roberto Guerrero Ayala, Nacho González, Enrique Bermúdez de la Serna, José Ramón Fernández, David Faitelson, Francisco Javier González y por supuesto con su “estorbante”. También narró varios años el Maratón del Río Balsas, competencia náutica conocida mundialmente que hasta el actor estadounidense Paul Newman vino alguna ocasión a correr con su lancha de turbina, la cobertura la hacía en helicóptero, comenzaba en Mezcala, Guerrero, recorriendo el cauce del Balsas, cruzando la Presa de El Infiernillo Michoacán, hasta llegar a la última etapa marítima de Zhuatanejo a Acapulco, Guerrero,

>

En los 80’s me tocó cubrir la Vuelta Ciclista  a México que organizaba la Federación Mexicana de Ciclismo presidida por Don Ángel “Zapopan” Romero Llamas, y su primera recomendación fue: “jamás te subas a una moto en el recorrido, puedes hacer todo desde el auto que te asignen”. Descubrí en esos eventos la facilidad que tuvo mi padre  para hacer y conservar amigos, entre ellos el propio “ Zapopan” Romero, Luigi Cassola, policías de caminos como el popular Ángel Suárez “ El Comanche”, “El Glostora” y   ex ciclistas convertidos en entrenadores como Adolfo Belmonte, Agustín Acántara, José Luis Cólex, Paco Huerta, Jesús Sarabia,  Porfirio Remigio, Julio Munguía e infinidad de periodistas como Don Raúl Sánchez Hidalgo, Enrique Romero, Carmona Solís, Rogelio Sánchez Noya, Leopoldo González, el colombiano Bernardo De la Serna y los venezolanos Alfonso Saer y Luis Alfonso Ramírez quienes lo habían tratado en vueltas ciclistas anteriores, y lo recordaban con respeto y cariño.
 
Pues bien, les comparto que don Fernando Alonso Avilés ha sido llamado para cubrir eventos en el cielo, y seguramente estará contento, pues falleció sin una enfermedad larga, sin dolores, ni operaciones, rodeado de sus hijos, y allá arriba ya lo estaba esperando su amada Estela Rubín Parra, mi madre, una espera larga de 11 años, pero se han vuelto a reunir, y si bien ha muerto físicamente, jamás morirá en nuestra mente y corazón. ¡Descansa en paz padre querido! >

Y como nobleza obliga, quiero agradecer las muestras de apoyo y cariño de todas las personas, amigos, colegas, aficionados, seguidores en redes sociales, futbolistas, exfutbolistas y  todas las personas, que nos manifestaron a la familia Alonso Rubín, su pesar por la muerte de mi padre. Es por eso que “el estorbante está de luto”, pero reconfortado al comprobar una vez más que don Fer, como cariñosamente le llamaba la gente, dejó profunda huella  en su paso por este mundo como sembrador de amor y grandes amistades. Por último comparto con ustedes la frase de Epicuro de Samos respecto a la muerte: “No sé, por qué los hombres tememos tanto a la muerte; si cuando nosotros somos, la muerte no es, y cuando ésta llega, nosotros  ya no somos”. Descansa en paz Padre querido.

Sigue navegando