El duopolio malo vs. el monopolio bueno
Quienes trabajamos en los medios de comunicación cometemos muchos errores. La sobreexposición de los periodistas genera errores y es comprensible: miles de caracteres al día, horas de un micrófono abierto, una cámara encendida, redes sociales en donde alguien puede sentirse conversando “en privado”.
Además, en la persecución de ciertas noticias muy particulares, cualquiera puede perder la perspectiva, perder la noción de la importancia general de las cosas y, más gravemente, desatender el equilibrio y la pluralidad.
En no pocos medios hay un criterio editorial que me resulta, cuando menos, raro: cualquier texto de primer año de economía enseña que monopolios y duopolios son dañinos para la gente. No conozco ninguna teoría científica que diga que es más grave tener un duopolio que un monopolio.
Pero existen medios de comunicación en México que dedican larguísimos espacios a criticar al “duopolio televisivo” sin darle ningún rasguño al “monopolio telefónico”. A juzgar por su jerarquización periodística, el duopolio es malo pero el monopolio es bueno.
Por ejemplo, la semana pasada la Comisión Federal de Competencia revocó una millonaria multa que había impuesto a Telcel por su posición claramente monopólica en el mercado de las telecomunicaciones. Si la multa se la hubieran perdonado a Televisa hubiéramos tenido ocho columnas, mesas de debate, artículos de opinión, expertos en política y economía atacando el “sometimiento de las instituciones a los poderes fácticos”. Pero como el fallo lo ganó Telmex-Telcel, parece que no fue nota.
¿El hombre más rico del mundo no es un poder fáctico? ¿No hay funcionarios a su servicio en gobiernos de todos los partidos? ¿No hay Telmex-bancada en el Congreso? ¿No provoca la mínima sospecha que la autoridad antimonopolios perdone al aplastante gigante de las telecomunicaciones de cuyo servicio y tarifas se quejan todos?
En un sentido utilitario, muchas de estas voces que culpan de todas las tragedias nacionales al “duopolio malo” pasan por alto que la televisión es gratis y por tanto su denunciada colusión no afecta los bolsillos de la ciudadanía; en cambio, las tarifas mexicanas de telefonía, que impone el “monopolio bueno”, están entre las más caras del mundo y lastiman multimillonariamente los ingresos de la gente.
Me parece muy sano que se señalen todos los defectos de los grandes actores de poder.
Sin embargo, hay quienes sospechan —y lo han denunciado— que esta posición editorial de atacar al “duopolio malo”, enemigo del “monopolio bueno”, está motivada porque el consorcio telefónico es dueño simulado o anunciante fundamental de periódicos, cadenas de radio y revistas, que sostienen una campaña de crítica a las televisoras, notable en cada emisión o publicación. Soy bien pensado y concluyo que sencillamente sus dinámicas informativas, y no el dinero, les han llevado hasta ahí.
Saciamorbos
Divertida actitud de las instituciones del estado ante el Escote (así repartidas las mayúsculas).