Échenle la culpa al Rojo Galarza
John Allen Paulos es un matemático que hace grandes esfuerzos por divulgar la ciencia de los números para entender el mundo: para saber si es posible que se haya inundado el planeta en 40 días de diluvio, si de verdad hay sobrepoblación, si vale la pena invertir en sistemas antiterroristas y si Marte puede ejercer fuerza gravitatoria suficiente como para llegar hasta un hospital mexicano y determinar signos zodiacales. En su libro “El hombre anumérico” nos pone una zarandeada: el individuo contemporáneo es anumérico en el mismo sentido en el que se habla de analfabetismo. No sabe leer el mundo: no entiende de proporciones, probabilidades, distancias y, lo peor, costos. Estoy generalizando, pero no es una generalización abusiva.
Con el uso del automóvil queda claro que no se están haciendo bien las cuentas. Hay dos hechos muy simples: la mayor parte de la población no tiene vehículo y el auto se come nuestros ingresos, pero los políticos no están contando a sus electores y los ciudadanos con auto no están viendo sus gastos.
Miren, un auto compacto nuevo cuesta la cuarta parte de una casa pequeña en Guadalajara, el estacionamiento propio implica un cuarto más y el seguro quita una vacación en la playa. Ese es el costo inicial por un hijo compacto. Después hay que alimentarlo con gasolina y pagarle estacionamiento por un monto similar al de una colegiatura en escuela privada.
Además, hay que tener un guardado importante para accidentes, grúas, multas, reparaciones, mantenimiento y commodities internas. ¡Ah!, y la licencia y las placas y el tarjetón. ¿Cuánto? Más o menos lo que costaría pertenecer a un club deportivo.
Agárrense: se estima que un automovilista promedio de una ciudad mexicana gasta 7 mil dólares al año, bajita la mano. Alcanza para comer en un buen restaurante todos los días. Y la sociedad paga más, mucho más que eso en obra vial, en enfermedades, en productividad perdida por el tráfico y en metros de suelo. Dato: en la Ciudad de México, cuatro de cada 10 metros del suelo total se destinan a estacionamiento. Sólo tres a vivienda.
Por eso no está mal que Alberto Galarza ponga el dedo en el renglón y pida una nueva tenencia, como impuesto verde, a través del Observatorio de Movilidad auspiciado por cámaras empresariales y universidades. Ya empezaron los brincos, la gente no quiere pagar más ¡y menos al gobierno! (al estacionamiento sí), y a nadie parece hacerle ruido que se pida mejor monitoreo del aire con dinero que crezca en los árboles. Lo que hace Galarza es poner frente a la nariz un gasto más, a ver si se entiende que el auto es estratosféricamente caro. Esta es una buena oportunidad: Galarza está dispuesto a ser el malo si los diputados y los funcionarios estatales son miedosos porque no saben sumar. El Rojo Galarza ya dijo que le echen la culpa, y si hace bien las cuentas, puede salir ganando.