Ideas

¡Ecce Homo!

El Pretorio está instalado en la torre Antonia. Tal vez en otras ocasiones Pilato establecía su residencia, y con ella su alta tribuna y la silla curul, para hacer el interrogatorio a Jesús, que desde ahí se vigilaba mejor el hormiguero de humano que con motivo de la Pascua, se aglomeraba en los alrededores del templo. Nos lo da a entender, Nos lo da a entender San Juan al decir que mandó poner su tribunal en un sitio llamado Litósttrotos, y en hebreo, Gábbatha que significa altura , y designa la colina de Bezetha, la mas alta de Jerusalén, que servía de base a la torre Antonia: Litóstrotos, en griego, quiere decir  —pavimento de losas— y es el gran enlosado que cubría el patio central, y que en antiguas excavaciones han dejado al descubierto una superficie de 2.500 metros con piedras bien talladas de 2 metros de largo, en los cuales pueden verse dibujos de juegos típicamente militares, con los cuales mataban el tiempo los jefes de guardia. Pilato pregunta ¿Eres tu el Rey de los Judíos? A lo que Jesús contesta “mi reino no es de este mundo”. Quedó mas tranquilo al oír la respuesta del acusado; desearía renunciase a aquel titulo  que le hacía peligrosos de rey que le hacía sospechoso a las autoridades romanas. Poncio empieza a pensar en los retóricos de Atenas y los místicos de Alejandría. Bien, podía, Jesús de Nazaret teorizar como ellos: pero expresándose de una manera más inocente. Y pregunta con acento de compasión e ironía :  ¿Luego Tú eres el rey?. En respuesta Jesús es mas explicito todavía: “ Tu dices que YO soy Rey”. Y añadió con firmeza para precisar más aún el poder de su naturaleza y reino: “ Yo para esto nací y para esto vine al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad escucha mi voz.”

Jesús es entregado a que lo juzgue la muchedumbre:

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Los soldados deciden hacer tiempo a costa de su víctima, de aquel judío que, según dicen, ha tenido la osadía de desafiar el poder de Roma. Pueden divertirse con El y someterlo a todos los escarnios, vengarse por el trabajo que acaba de darles, pues un hombre condenado a muerte ya no goza de ningún derecho. No hacen más que continuar la comedia que había comenzado el Tetrarca de Galilea. Lo conducen la interior, después de reunir a toda la cohorte, le enjaulan la frente en un cerquillo de ramaje espinoso y de juncos, le cuelgan al hombro un  harapo color purpura, le ponen en la diestra una caña y doblando ante El la rodilla, le dicen entre insultos y risotadas: “ Dios te salve, Rey de los Judíos”. Y le escupen y escarnecen quitándole cetro de la mano y le hieren con el en la cabeza. Y el paciente todo es humildad, dulzura, mansedumbre y perdón. Su mirada se posa indulgentemente sobre los que le cubren de burlas  e irrisiones, y los mismos verdugos se sienten subyugados por aquella serenidad. >

Llego el procurador dispuesto hacer la última tentativa. Todo estaba muy bien: aquella carne deshilada como tela vieja, aquel manto ridículo, aquella corona de burla, aquellas convulsiones que parecían anunciar la agonía. ¿Qué ojos o se llenarían de compasión ante semejante espectáculo?.Pero a medida que el drama se precipitaba, las pasiones se exasperan. Brillaba ya el sol casi en medio del cielo, cuando el procurador apareció de nuevo en lo alto de la escalinata, llevando detrás a Jesús. Quería presentárselos al populacho por última vez y empezó por anunciar a la multitud la aparición del reo.” He aquí que os le traiga para que veáis que no encuentro en El culpa ninguna” Y segundos después, Jesús aparecía bajo los arcos, llevando, como dice un testigo ocular, la corana de espinas y el vestido púrpura. Y con su acento  entre lastimero y sarcástico dijo Pilato: “ECCE HOMO! ¡Ved aquí al hijo al hombre!

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