Donde termina Lafayette y empieza una ¿utopía?
La ciudad está urgida de imaginación, de audacia, de verdadera novedad. Por demasiado tiempo el esfuerzo común ha sido orientado —en una aplastante mayoría— a simples obras en beneficio del tránsito automotor. Y he aquí que un grupo, formado en su mayoría por jóvenes, se ha echado a cuestas una muy noble causa: lograr un gran parque en el terreno que remata la Avenida Lafayette/Chapultepec en su cabecera norte. Resulta esencial apoyar una iniciativa así.
Dicho terreno de aproximadamente una hectárea, históricamente estuvo ocupado por una simpática tienda local que se llamaba Novedades Bertha y que tenía un pegajoso eslogan: “Donde termina Lafayette y empieza su economía”. Posteriormente, por largos años y hasta hace unos días, el predio albergó a un supermercado Aurrerá, que acaba de cerrar. De ahí la coyuntura única ante la que ahora estamos.
Algunos antecedentes. Hay un borde urbano muy marcado entre las antiguas colonias que comienzan hacia el Sur de la actual Avenida México/Juan Manuel y la inicialmente llamada Colonia del Algodonal o Villaseñor, demarcación universalmente conocida desde hace generaciones como Santa Teresita, un barrio entrañable para todos los tapatíos y esencial punto de referencia para toda una amplia zona de Guadalajara. Las colonias se destinaron a gente acomodada, Santa Teresita siempre ha sido un barrio popular.
De lo anterior se desprende una clara frontera social, que es necesario atenuar, disolver. La Avenida Lafayette/Chapultepec es nuestro modesto bulevar a la parisina, que atraviesa y une —de Sur a Norte— los ámbitos de las colonias Francesa, Reforma, Americana, Obrera y Moderna. Tal corredor ha sido objeto de renovaciones que han significado un éxito en términos de convivencia ciudadana, de recreo, de imagen urbana. El hipotético parque que remataría su extremo Norte (en el ex predio del Aurrerá) lograría complementar ese eje verde y lo uniría efectivamente con Santa Teresita.
Santa Teresita fue —inexplicablemente— desarrollada sin prácticamente ningún espacio verde o abierto: ¿Corrupción, ineptitud, imprevisión, o las tres cosas? El caso es que los aproximadamente 10 mil posibles metros cuadrados del parque planteado podrían ayudar a remediar significativamente esta situación. El problema es cómo hacerle. El predio tiene dueños legítimos con intereses patrimoniales respetables. Y la ciudad tiene una demanda igualmente legítima. ¿Cómo conciliar esto? Aquí va, como intento de contribución, una hipótesis.
Hay que conciliar los intereses comunitarios —los de la ciudad— con los de los propietarios del predio; y hay que hacerlo dentro de una racionalidad económica-urbana que saque a la propuesta del terreno de una utopía bien intencionada pero inviable. ¿Cómo?:
Haciendo un parque, un gran espacio verde de uso público a la altura de las demandas ciudadanas, y combinarlo armónicamente con un desarrollo mixto-habitacional, ventajoso para propietarios y promotores. Es factible. Soluciones así se han hecho en múltiples ciudades del mundo, y no hay porqué ser menos.
>La propuesta concreta: Dedicar al menos 75% de la superficie del terreno para un parque intensamente vegetado y bien equipado. Construir, “sobre zancos altos” (que permitan bajo ellos el paso y uso de parque, y la vegetación de buena talla), una torre de apartamentos en altura, de desplante moderado, con la densidad necesaria para ser un negocio rentable. Anexa a ésta, un pabellón de usos mixtos al nivel del espacio público en el que se pudiera alojar un centro cultural y algunos comercios compatibles y apropiados para la torre y el parque. Bajo una capa adecuada de tierra vegetal se ubicarían los niveles de estacionamientos requeridos por la torre y un suplemento para ayudar a balancear el negocio y el mantenimiento del parque. Se puede hacer todo esto, y quedaría muy bien.
Para que una idea así camine se necesita que las autoridades, los propietarios y los vecinos-interesados inicien de inmediato un proceso de gestión, negociación y acuerdos. Como casi siempre, se requiere una voluntad política franca y enérgica —un liderazgo— como base para esta empresa. Quienes logren concretarla —autoridades, ciudadanía, propietarios/promotores— seguramente se anotarán un logro histórico. Habrán pasado de la “utopía” a la realidad. Y Guadalajara y Santa Teresita y sus zonas anexas podrán gozar de un parque que tanta falta hace. Eso, para empezar. Vamos viendo.