Dónde encontrar a Dios
Por: María Belén Sánchez, fsp
Si queremos de veras encontrar la ayuda de Dios, lograr que Él sea benevolente con nosotros y que su misericordia nos ayude a sanar las equivocaciones que tan a menudo cometemos, lo primero que necesitamos es saber cómo y dónde encontrarnos con ese Dios que buscamos y al cual invocamos.
Así pues cuando decimos que queremos encontrar a Dios, a veces se nos hace difícil y en otras ocasiones lo creemos muy fácil, pero tenemos que tener claro que todo ser humano, siempre y en todo, en una forma o en otra, siempre busca a Dios.
Lo malo es que muchos lo buscan a su modo y no siempre encuentran el camino y la forma exacta y correcta. Lo malo es que hay quienes se adueñan de una teoría y buscan adeptos o seguidores que no siempre son lo que Dios quiere.
Pero una cosa es cierta: desde que Cristo Jesús vino al mundo, ya tenemos donde encontrar a Dios y dónde encontrarnos con Dios.
Claro, que no todas las sectas son la auténtica verdad. Porque Cristo Jesús dejó su Iglesia, sus normas, su camino y no siempre le seguimos con fidelidad y exactitud.
Por eso nos insiste en que no quiere grupos “confeti” sino un solo rebaño, bajo un solo Pastor.
>Una fe, un bautismo, una familia con un solo Dios y Padre de todos.
A Cristo Jesús lo encontramos en el Evangelio, donde bebemos su enseñanza viva y donde podemos aprender el mandamiento clave que nos lleva a la vida y de donde proceden los Sacramentos que comunican la vida que Él mismo nos alcanza de Dios por la gracia del Espíritu Santo.
Y volvemos a lo mismo, el primer nido donde Dios quiere vivir y la primera escuela donde quiere que se aprenda su mensaje de amor, es la familia.
Por eso la familia debe estar fundada y enraizada en el amor, por eso es necesario volver a la fuente de una familia donde verdaderamente se refleje lo que Dios quiere.
Ya lo hemos dicho y orado alguna vez:
O R A C I O N
De dos en dos, así quieres, Señor,
que caminen los seres humanos por el mundo,
De dos en dos, formando la unidad,
sin perder la individualidad.
De dos en dos, en familia,
llevando consigo a sus hijos, los frutos de la vida,
construyendo en lo perecedero el mundo eterno,
forjando con el presente, la realidad del futuro.
De dos en dos, para que sea más fácil
recorrer el camino;
para que sea posible acrecentar la vida
y dar a la existencia un sentido superior.
M. B.
y… Recordemos: Dios es nuestro mejor AMIGO