Dolores Elcoro de Diez de Sollano; Amsif, Cáritas, ONI, Hogares vicentinos
Ayer jueves, en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara, el IJAS (Instituto Jalisciense de Asistencia Social) les rindió un homenaje a don Rodrigo Diez de Sollano y a la señora Dolores Elcoro de Diez de Sollano. A su memoria dedico este artículo, así como a sus hijos, y en especial a Alberto Diez de Sollano, quien sigue la ruta de sus caritativos padres.
Estas instituciones: Cáritas, Hogares Vicentinos y el ONI, fueron todas fundadas e impulsadas por estos bienhechores. Su quehacer en esta ciudad dejó una estela de beneficios con estas instituciones, que luego se derramaron por el país, y una de ellas, Amsif, la consentida de la señora Dolores, se extendió por Latinoamérica. Todos conocemos los auxilios que estos organismos han brindado en nuestro país.
La señora Dolores nació en México el 8 de enero de 1915; hija de Rodrigo Elcoro y Teresa Ibarrola. Su padre, dueño de una fundición de carrocería, se mudó a la Lagunilla; su madre se ajustó a estas necesidades. Colaboró con la Vicentinas, muriendo de tifo, por quienes había ayudado. Quedó su padre viudo con nueve hijas solteras.
Durante la guerra cristera expulsaron a las Madres de Sagrado Corazón, donde estudiaba Dolores, quien se marchó a Estados Unidos, donde se graduó.
Su noviazgo con don Alberto fue epistolar; casados se vinieron a vivir a Guadalajara. Tuvieron 10 hijos. La economía era difícil para una familia tan numerosa: ella puso cuatro mil gallinas que atendía y sembraba hortaliza en un rancho.
Fungió como secretaria del Comité Diocesano, posteriormente fue presidenta de las Vicentinas, cargo que le descubrió problemas sin respuestas en esta ciudad: enfermos incurables e indigentes sin espacio dónde vivir. Recaudó fondos y donó una casa en la Nogalera, donde nació el Hogar Vicentino.
Su esposo, don Rodrigo, era miembro del ONI: Ella se integró y los últimos 20 años de su vida participó activamente en el proyecto creado por su marido. Comentarios negativos minimizaban esta labor, ella contestaba: “Por lo menos ayudamos a quitar el hambre”. ¿Quién podría ahora refutarles este empuje? El ONI estuvo en las finales del certamen de Iniciativa México, reconocido como uno de los grandes proyectos nacionales.
Conoció Amsif, y convencida de la importancia de la promoción humana del crecimiento de la mujer y la familia, trasladó a Guadalajara esta institución. Fue su obra preferida.
Con Cáritas (fundada a petición del cardenal José Salazar López), fueron árboles frondosos donde plantaron sus semillas los Diez de Sollano Elcoro, germinando y esparciéndose para brindar atención a tantos desamparados en todo el Estado. Fue secretaria, y su esposo primer presidente, durante 15 años. Los dos tenían una preocupación intensa por construir un México diferente, más justo, sin tanta pobreza.
En el IJAS se hizo cargo de los Centros de Capacitación para la mujer, siendo responsable del Centro de Atemajac por muchos años.
Mujer de profunda fe, la acción social era su manifestación, no sólo la filantropía, tenía esa conexión especial en su personalidad: “Fe y bondad”. Siempre preocupada por México. Creía que Acción Nacional era una herramienta al servicio de este país, con sus defectos, pero útil. Panista de “hueso azul”, participando cuando los tiempos eran difíciles.
Duraron 58 años de casados. Su esposo murió de 84 años, ella de 87 en 2002. Mujer fuerte, sabía amar y educar. Frecuentemente, el matrimonio era visto en misa, donde al darse la paz, la sellaban con un beso. El amor entre ambos fue evidente.
Poca afecta a homenajes. Un honor recayó en mi persona, entregué el Galardón Promomedios a la Mujer, que anualmente se entrega a las mujeres destacadas en esta ciudad. Siendo el primer galardón “IN MEMORIAN” que se entregaba en 10 años a un post-morten en el Teatro Degollado, en el año 2005.
Ahora, el Instituto Jalisciense de Asistencia Social, bajo la presidencia del ingeniero José Luis González Íñigo, le rindió este merecido homenaje al matrimonio de don Rodrigo y doña Dolores, que vivieron para servir a los pobres, nunca con vanagloria, siempre con humildad… y otra de sus grandes virtudes fue vivir con congruencia.