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Diatriba guajolotera

El guajolote es el animal más feo sobre la Tierra; una mezcla de gallina con buitre y como único adorno, un moco descomunal. Nomás de ver un guajolote podemos sostener sin temor a equivocarnos que Dios también tenía malos ratos, y si bien no podemos decir que sea prueba de su falibilidad, sí de su falta de control de calidad, pero ni qué decir, cuando se hizo el mundo el ISO 9000 no existía. Desde el punto de vista del evolucionismo diríamos que el guajolote es prueba de que no toda evolución significa mejora, pues venga de donde venga este animal, sin duda sus ancestros fueron, aunque sea, poquito mejores.

Fueron los mexicas quienes bautizaron al extraño animal como guajolote. La palabra está compuesta por dos raíces huey o hueyi, que significa grande, viejo, y xólotl, que significa monstruo. Es decir que huexólotl es nada menos que el gran monstruo o el monstruo viejo. Los franceses se lo encontraron en Canadá y rápido se hicieron aficionados a esta ave raris y la bautizaron como Dinde, (D´inde, que significa literalmente de indias). Los ingleses le llamaron turkey porque así llamaban a las gallinas de guinea que ellos conocieron en Turquía, así que cuando el guajolote llegó a Europa a finales del siglo XV su única referencia es que era otra ave turca más (son geniales estos británicos; con esa lógica nosotros a los españoles les diríamos veracruzanos).

Que exista el animal es pues un error de evolución o un desliz del Creador, como se quiera, pero que alguien haya decidido clavarle el diente, eso sí fue una verdadera proeza. Haber pensado que esa cosa horrorosa de cabeza roja, moco tendido, alas inútiles y que hace un ruido como coche viejo (y eso que en aquellas épocas no había coches) era comestible, sólo pudo haber sido producto de la hambruna o una alucinación colectiva. Que los hambrientos inmigrantes del Mayflowers se la hubieran comido al bajar del barco se entiende, y que los gringos repitan esa locura cada fin de noviembre, es problema de ellos. Pero a nosotros la tradición de comer guajolote con nombre castizo, o sea pavo, no nos viene de los mexicas ni de los gringos, nos llegó de Europa y fueron nada menos que los jesuitas los primeros en llevar a sus nutridas mesas esos horribles animales en calidad de banquete.

Animales feos hay muchos, a lo mejor no tan feos como el guajolote, pero de que los hay, los hay. El problema de este es que además es terriblemente insípido. El pavo sabe a lo que le pongan: si le inyectan vino sabe a vino cocido; si le ponen salsa de arándano sabe a arándano; si le retacan ciruela, a ciruela. Esto es, entre una rebanada de pavo y una de pan Bimbo, la diferencia es la costra.

Y sin embrago, por más mal que hablemos de este horrendo e insípido animal, ahí estará en miles de mesas presidiendo la cena de Navidad.

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