Dany Laferrière entre los inmortales
“A un franco-argentino de origen italiano va a suceder un quebequense de Haití, quien será recibido por un libanés. He aquí lo que es la Academia Francesa”, comentaba Jean d’Ormesson días antes del solemne ingreso “bajo la Cúpula” del escritor Dany Laferrière, que se celebró este jueves 28 de mayo de 2015. Tocó en suerte a Laferrière suceder a Héctor Bianciotti en el sillón 2, cuya genealogía se remonta a Valentin Conrart (1603-75), fundador y primer secretario perpetuo de la Academia, e incluye personajes como Montesquieu, Alejandro Dumas (hijo) y el gran historiador del arte Émile Mâle. Quien pronunció el discurso de bienvenida fue Amin Maalouf.
De los cuarenta “inmortales” (que por el momento son 39, pues está vacante el sillón de Assia Djebar, escritora argelina muerta a principios de 2015), varios son extranjeros o tienen orígenes no franceses: François Cheng es chino, Michael Edwards es británico, René de Obaldia nació en Hong Kong de padre panameño, François Weyergans es belga, los padres de Alain Finkielkraut eran judíos polacos, y hay hasta un nieto de mexicano: Dominique Fernández. Su patria común es la lengua francesa.
A Laferrière, nacido en Puerto Príncipe hace 62 años, le sobran merecimientos para el ingreso a “la augusta compañía”: de sus más de veinte libros, siempre éxitos de crítica y de librería, varios han sido premiados; en 2009 recibió el Médicis por El enigma del regreso (una de sus pocas obras traducidas al español en Alianza, 2012). Además de novela escribe guiones, ensayo y periodismo. Hay que mencionar también su testimonio del sismo del 12 de diciembre de 2013 en Haití, que coincidió precisamente con su elección a la Academia.
Pero su más reciente obra maestra es sin lugar a dudas su discurso de ingreso a la Academia,* en el que, según dictan los cánones de la casa, rinde homenaje a su predecesor inmediato, el argentino Héctor Bianciotti. Se trata de un auténtico tour de force literario hecho de finura y emoción: Laferrière, que nunca conoció a Bianciotti, explica quién era a los que sí lo conocieron muy de cerca. Narra con gran detalle una entrevista con Bianciotti a la cual lo conduce su personal Virgilio, que es Legba, el espíritu del vudú haitiano que permite la comunicación con el más allá. El escenario es el decrépito hotel Grand Splendide de París, donde reside el argentino y deambulan a sus anchas las sombras de Wilde y Valéry. Pero también se hacen presentes en la conversación Proust, Borges, Bioy, Alberto Savinio, García Márquez, Lampedusa, la historia de las repúblicas de América, la infancia de ambos interlocutores y sus vidas de exilios y pérdidas.
“Uno de los aportes más significativos del exilio a la literatura es la noción del retorno. Tanto más interesante cuanto que prueba en realidad ser imposible. No se vuelve al punto de partida porque el movimiento es incesante. Esos escritores del exilio han vuelto a dar un sentido nuevo a la palabra viaje”.
*http://www.academie-francaise.fr/discours-de-reception-de-dany-laferriere