Ideas

Cuestión de fondo

Primero, un abordaje lúdico: En algunos cementerios y por la noche es posible ver una especie de llama danzarina, de todos los tonos posibles entre el rojo y azul, que parece desprenderse de alguna tumba. Es un fenómeno perfecto para asustar a un niño o para empezar a contar alguna leyenda o cuento de terror que pueda impresionar a mentes crédulas, débiles. Son los fuegos fatuos que alimentan los gases que se desprenden de los procesos de putrefacción (básicamente fósforo, dicen los enterados) y que se alejan o desaparecen en cuanto se llega al lugar de donde aparentemente emanan. Simplemente no hay fuego y eso es precisamente lo que domina hoy en el escenario político-electoral, meros fuegos fatuos: el imperio de lo aparente, de la simulación.

Ahora, la postura de dos intelectuales: el escritor Carlos Fuentes asegura que los mexicanos tenemos candidatos presidenciales muy pequeños: “El problema no es quién gane esas elecciones. Lo grave es lo que va a pasar luego, gane quien gane. (México) está en una efervescencia y ninguno de los candidatos ofrece un plan viable, ni siquiera entusiasta, para resolver los problemas gigantescos que padecemos. No creo que ninguno de ellos tenga una receta convincente (…) La situación política se va a complicar, porque los problemas son muy grandes y los candidatos muy pequeños. ¿Quién va a abordar los problemas enormes que tiene México? Ninguno de los tres, quizá López Obrador, asesorado por gente buena”. Y en esta tesis no camina solo: el historiador y también escritor Enrique Krauze afirma que ninguno de los que aspiran a gobernar tiene lo que el país requiere: “Ninguno de los candidatos me ha convencido de que tiene la visión, la fuerza y la estatura del verdadero líder que México necesita”.

Y para cerrar, el comentario garigoleado de lo que esto suscribe: Algunos aprendimos, desde niños, que existe en este mundo gente muy pequeña; lo hicimos al ver con los ojos de Mafalda, el genial personaje de Joaquín Salvador Lavado, Quino, que con aparente simpleza hacía un análisis crítico de su entorno y de la naturaleza humana, siempre con un sentido del humor que permitía navegar en una realidad entre absurda y surrealista. Entendimos que esos militares llenos de medallas no eran otra cosa que enanos que por desgracia mandaban y decidían y que en ello los que obedecían se reducían a sí mismos. Sí, el mundo está lleno de gente pequeña que manda y decide, y ciudadanos que se reducen a obedecer.

Bueno, este mundo y su lastre dio más de dos vueltas y ya no se trata de la Argentina bajo la dictadura militar de los sesenta y setenta, sino de la incipiente democracia del México del siglo XXI y en la que bien Quino podría haberse inspirado para varias docenas más de las aventuras de su entrañable Mafalda.

Y entonces los mexicanos, a diferencia de aquellos argentinos, no enfrentamos la pequeñez de la dictadura militar, sino la pequeñez de la clase política que se exhibe a sí misma en la estatura de los abanderados presidenciales de las principales fuerzas político-partidistas. Uno de los cuatro gobernará al país el próximo sexenio y ante el hecho no tendremos más que explorar con mucho humor las formas más convenientes para sobrevivir a sus ocurrencias.

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