Ideas

Cosas de imprenta: la tipografía

En sus orígenes, la tipografía era el arte de ensamblar caracteres móviles para formar palabras e imprimirlas. Es una técnica que data más o menos del año 1440, desarrollada por Gutemberg, quien no inventó la imprenta de tipos móviles, sino un conjunto de técnicas conexas: los caracteres móviles de plomo y su principio de fabricación, la prensa tipográfica (desconocida de los orientales) y la tinta grasa necesaria para utilizarla.


A lo largo de los siglos se fueron inventando distintas familias tipográficas (o tipofaces) de caracteres (que no son sólo letras, sino también números, signos de puntuación, etc.). En los siglos XIX y XX se aceleró la producción de nuevas familias, y en la actualidad hay cientos de miles. El usuario de un programa como Word tiene la posibilidad de usar decenas de ellas: desde la clásica Garamond hasta la moderna Arial o la horrenda Comic Sans. Pero curiosamente no incluyen, por ejemplo, la importantísima Helvética, seguro por razones de derechos de autor.

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Una familia de fuentes (tipofaz) está compuesta de glifos con características comunes de diseño. Una fuente es el conjunto de caracteres correspondientes a las mismas características (con sus números, sus itálicas o bastardillas, sus negritas, versales, versalitas, etc.) dentro de una misma familia o tipofaz. Según Martínez de Sousa,* por ejemplo «Garamond redonda, cursiva, negrita, cursiva negrita, versalita (con sus variedades), estrecha y ancha (con sus variedades), etcétera, constituye una familia. No todas las familias disponen de todas las variantes posibles. Es normal que incluso las más pobres dispongan de la cursiva y la negrita, pero suele ocurrir que una  familia no cuente con las variedades correspondientes a la versalita, la estrecha y la ancha, etcétera”. >


Con frecuencia se confunden los términos de familia y fuente. Esto se debe sobre todo a que incluso quienes hoy en día tienen que ver con el mundo de la edición (donde cada vez se pierden más oficios y saberes por culpa de la salvaje mercantilización de la industria del libro) no conocen más que su computadora y nunca trabajaron en una imprenta.
De cualquier forma, hay que señalar que la palabra fuente que usamos en la actualidad es « un anglicismo por fundición o póliza, que son las denominaciones que se aplicaban antiguamente a los surtidos de letras que se adquirían para su empleo en el taller ».* Lo de fundición tiene que ver, claro, con que los tipos eran de plomo fundido.
Las características de los tipos elegidos añaden sentido a la palabra, como la música a la imagen. Se puede imaginar una película sin música, pero las palabras no pueden quedarse sin escritura: la elección es obligatoria e inevitable. Y esto lo saben muy bien quienes hacen publicidad, pues las marcas buscan quedar siempre asociadas con una imagen gráfica propia.

 

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