Ideas

Congreso e informe ausentes

El Congreso General, este 1 de septiembre, colocó su función de contrapeso constitucional  bajo una montaña de discursos retorcidos. Y se metió —justo en el umbral de lo que será el periodo ordinario de sesiones más intenso del sexenio—  por la misma vereda  de simulación  y conveniencias donde se le ha visto caminar al Ejecutivo Federal.
Estaban los patios, pasillos y el recinto grande de San Lázaro atiborrados de toda esa gente que conforma el animalerío político. Pero la visión porfiriana aquella —que producía la visita del presidente de la República—, se había ido definitivamente. En lo que ha sido la entrega-recepción del quinto informe presidencial, los diputados y senadores se han adentrado en un formato  donde prevalece el “maquillaje estadístico”, “la burla” y el retrato de un “Estado ausente de la realidad del país”, criticaba el diputado federal petista Juan Enrique Ibarra Pedroza. Se citaron a las cinco de la tarde, en sesión de Congreso General; es decir, una asamblea adonde participarían diputados y senadores. Iniciaron a las cinco y media; a las seis llegó el secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, y a las seis con 30 concluyó la sesión. Cambió el formato: ahora el Congreso General ya no se posicionó, como tampoco lo hizo en el cuarto informe de hace un año, sino que los posicionamientos ocurrieron en la sesión ordinaria, que comenzó casi a las siete para concluir a las ocho de la noche. Fue, evidentemente, un posicionamiento desflemado porque ya no fue por parte del Congreso todo, sino de cada una de las Cámaras. Y fue allí cuando prevaleció la discordia, sobre todo entre el PAN y el PRI, que utilizaban a Coahuila el primero para atacar al segundo; y el segundo a Monterrey para latiguearle el lomo al primero. Antes de que se sucedieran los posicionamientos, un diputado, el petista Gerardo Fernández Noroña, pidió la palabra y, con lo que dijo, enfrió todavía más a la de por sí desangelada asamblea: “Amanecieron asesinadas dos periodistas destacadas, de una revista muy importante que hace una crítica muy fuerte al poder establecido, que es Contralínea, la periodista Marcela Yarce y Rocío González Trápaga. Amanecieron hoy, ambas, asesinadas. Es un hecho gravísimo; ominoso”. Fue cuando la asamblea de diputados se puso de pie y guardó un minuto de silencio. Agustín Guerrero Castillo, diputado del PRD que es también secretario de la Comisión Especial para Atender las Agresiones a Periodistas, saeteó a la sesión: “Me parece que es una situación sumamente grave el que iniciemos este periodo ordinario de sesiones, lamentando este asesinato de estas dos periodistas, y me parece que esta Cámara debería de hacer un pronunciamiento público a los familiares, a los amigos y a la nación”. El nuevo presidente de la mesa directiva, Emilio Chuayffet Chemor, prometía “someter el próximo martes a ustedes el texto correspondiente para proceder en consecuencia”. Afloró entonces en el PAN la misma intención que le distingue desde hace días. En voz de Carlos Alberto Pérez Cuevas, vicecoordinador de la bancada panista, el panismo; la intención de utilizar cuanto hecho violento ocurre  para restregar a la oposición que deben sacar en este periodo que comienza las reformas “que el país requiere, sobre todo las reformas en materia de seguridad que tanto requerimos”. El PRI, en voz de la diputada Yolanda de la Torre Valdez,  respondió: “Lamento profundamente haber escuchado lo que acabo de escuchar. Diez años gobernando este país y aún no se dan cuenta que lo han destrozado. Aún no se han dado cuenta que nos han robado la paz y la tranquilidad a las familias; que todos los días mueren niños, jóvenes y adultos; madres solas y viudas. ¿Por qué no sumar en positivo cuando este país requiere tanto de todos nosotros?” El PAN, en voz de María Antonieta Pérez, hacía un turno había lanzado acusaciones que no eran más que una alusión al PRI: “Hace 40 años este 2011 era para políticos y gobernantes una fecha futura, una fecha incierta, pero sobre todo era un futuro ajeno al Poder Legislativo de esa época, quienes complacientes compartieron la falacia de que México sería inevitablemente fuente inagotable de desarrollo como si fuera el cuerno de la abundancia”. Pérez Reyes añadía: “Recibimos un presente desprovisto de un pasado responsable, ausente de estadistas, pleno de políticas sin compromiso y de poder sin principios. Qué desesperante. Qué desesperante vivir la realidad de un país en el que pareciera se ama todo menos a su gente”. Era evidente que el PAN llegó al periodo ordinario en un carro de guerra, al cual —en el discurso— el PRI también se ha subido.
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