Buen fontanero a conveniencia
Desde hace tiempo ya, he considerado como un buen político a aquel que hace las veces de un buen plomero o fontanero. Como alguien al que además de no importarle sumergirse en los conductos de putrefactas aguas negras, tiene la suficiente habilidad para conectar y reparar las tuberías y demás componentes del sistema, de tal suerte que funcione bien y no colapse.
Ya el lector intuirá el comienzo de un nuevo año 2014 con una perspectiva de futuro (que antes no se veía por lado alguno) debido a la cantidad e importancia en la apertura a reformas que han ocurrido, sin olvidar que el siguiente año será de su consolidación legal y del inicio de su aplicación. Las principales: la laboral (de 2012), de telecomunicaciones, transparencia y rendición de cuentas, competencia, del régimen burocrático de los maestros (que no educativa), política, financiera, anticorrupción, parte de la mal lograda fiscal-presupuestal, y por supuesto la energética.
Previamente a la avalancha reformista —por mucho inevitable y contenida artificialmente por la pseudoizquierda y el actual partido gobernante—, el panorama era claro para mal: por las mezquindades políticas de la oposición a los gobiernos panistas, por lo menos una generación iba a perder la oportunidad de gozar y construir un país no sólo próspero, sino de liderazgo mundial.
Ahora la mesa está casi puesta y no se puede desaprovechar. La responsabilidad del Presidente Peña es inmensa en lo que parece ser el inicio del fin de una transición larga y cansada hasta el agobio.
Sin el poder leer mentes, los hechos parecen indicar que paradójicamente el ahora súper reformador EPN no lo es en su fuero interno.
Él mismo como priista, detentador de cargos públicos de relevancia como la gubernatura del Estado de México, y luego en su campaña presidencial, nunca se mostró como parte impulsora del movimiento reformador.
En su campaña en el mejor de los casos se mostró ambiguo. Así, ya sea por comisión u omisión, el Presidente Peña junto con sus colegas del PRI y la reaccionaria izquierda mexicana ayudó a tapar los caños de la tubería que es la política nacional, al fomentar su estancamiento y lo hicieron muy bien: como malos fontaneros que primero arruinan las cosas para que luego se les contrate.
Pero como “el que se ahoga no repara en lo que se agarra” (José De San Martín), al encontrarse con una realidad que de seguir igual, lo llevaría irremediablemente al fracaso total de su administración, tuvo —por necesidad no por convicción— que operar al revés: destapando lo que había ayudado a bloquear. Y hay que reconocerle que lo ha hecho muy bien.
Ahora le toca colocar una nueva tubería y liderar la nueva administración del sistema. Ojalá por el bien del país le salgan las cosas.
Muy estimado lector, desde aquí se le desea un muy feliz Año Nuevo y se le agradece muchísimo haber acompañado esta columna durante este ya casi fenecido 2013.