Apodos de futbolistas mexicanos.
Sin querer traer a colación el hecho de que las Chivas hayan perdido en esta semana la posibilidad de embarrar a sus rivales con un trofeo más en su otrora gloriosa vitrina, se ha considerado conveniente por las autoridades políticas del país que es necesario el desviar la atención de los temas relevantes – para los cuales sobrarán articulistas – y abordar uno de los grandes temas que han quedado en el tintero: los apodos de los futbolistas mexicanos.
Así, encontramos en la época de oro de las cabras al mítico “Jamaicón” Villegas creador no solo de campeonatos, sino también de un concepto que ataca en la parte más central de la mexicanidad, y que es la ausencia de picante en la comida cuando uno viaja a lugares menos salvajes que este valle de lágrimas donde vivimos. El por qué del apodo solo lo podría explicar el propio Jamaicón quien decidió llevarse el secreto a la tumba, maldiciendo entre dientes al malparido que se lo puso.
Más recientemente encontramos al “Capitán Cañón”, Marcelino Bernal, quien estaba dotado de una pata de mula prodigiosa, capaz de romper huesos de la barrera que se le pusiera enfrente; autor de un golazo contra Italia en el mundial del 94 y autor de una reverenda nacada que fue el tratar de arreglar la portería que destruyó con un amarradijo propio de la central de abastos. Posiblemente por eso, y en una actitud que reprobamos por discriminatoria, también fue apodado como “Marcelindio Bernal”.
El “Pikas” Becerril, propietario de una de las melenas más envidiadas en todo el futbol ochentero – pues no cualquiera logra en plena regla el “business look up front, and the party downstairs” - el “Pikas” recorrió los campos con el mítico Necaxa regalando patadas a quien sea que se cruzara en su camino. El origen del apodo sigue siendo una incógnita, pero no es de sorprender habiendo tan distinguidos caballeros en el vestuario del señor Manolo Lapuente.
También es de señalarse a “El Monito” Rodríguez, quien nos enteramos estuvo internado en fechas recientes y en recuperación en su natal Tlaquiltenango y a quien aprovechamos para mandar un afectuoso saludo.
No olvidemos mucho menos a Filiberto Fulgencio “Filiful” quien recibió su apodo cuando se puso de moda, a finales de los noventas, el apodar a las duplas de atacantes con una combinación de las primeras sílabas de sus nombres (caso específico de Sa Za). Así, Filiberto, no quiso quedarse atrás y recibió el apodo con el que las masas lo aclamaron.
Contrario a lo que uno pudiera pensar el señor Filiberto no es sueco.
>Objeto de mucha polémica es el apodo Pikolin, pues por el hecho de haber dos y de repetirse el apodo ha habido gente que se sisca. Es ampliamente conocido que el ser capaz de distinguir por nombre propio a cada uno de los Pikolines es uno de los actos más nacos que puede haber.
Habrá sin duda más apodos que merecen recordarse, sin embargo por razones de espacio dejaremos que sea usted, amable lector, quien contribuya a formar un compendio completo con aquellos que le llamen la atención.