Anabel y el conjuro
Puede crear o rechazar el terror. La historia atrae con seria apertura a la imaginación atraída por el acto simple de un regalo ingenuo, paulatinamente convertido en precursor de acontecimientos siniestros.
El género es conocido, más no totalmente explorado. Eso muestra la película donde la actuación centra la atención en esa pequeña muñeca de apariencia inocente, extraída del aparador donde pareciera enclaustrada en un estuche de cristal; una vez libre en la residencia familiar, la muñeca determina acciones que involucran a quienes a ella tienen acceso, incluyendo al sacerdote llamado a practicar un exorcismo, al que en principio se niega por tratarse de un simple objeto.
La historia conduce a los protagonistas a un viaje con frustrante resultado y grave riesgo para los ocupantes del vehículo en el tránsito, incluyendo al sacerdote a punto de perder la vida. Todo, atribuible a los poderes maléficos de la muñeca de trapo.
Sucesos paranormales, basados en hechos reales, son producto de la narración hecha por una pareja investigadora: Warren, gente seria; en una cinta envolvente de fenómenos sobrenaturales respaldada con luces y sonidos agresores. Esto ocurrió, se dice, hace 40 años.
¿Existen realmente espíritus? ¿Serán producto de alguna mente enferma? Son preguntas latentes en quienes han tenido vivencias similares con víctimas y pérdidas irreparables. Muertes inexplicables y hasta suicidios permanecen en el silencio de la ignorancia humana, sólo apreciable por reconocibles como acontecimientos sobrenaturales.
El matrimonio Warren penetra en el misterio desde el punto de vista técnico intentando extraer la creencia en lo maligno y explicar las tragedias, pero sólo consiguen llegar a la tumba de una bruja, supuesto personaje sacrificado, sin resolver la confusión al comprobar que tal cadáver no era el supuesto.
La ficción y la realidad bordan estas historias dotadas de indiscutible magnetismo.
Dios nos guarde de la discordia.