Ideas

— Zánganos

En teoría, los diputados son “representantes populares”. En la práctica, son los zánganos del panal de la administración pública... Sin ser, en sentido estricto, jurista, puesto que era clérigo, Morelos, retomando modelos de los tratadistas europeos de su época, planteó el ámbito de los tres poderes en que debería dividirse el Gobierno: “La facultad de dictar leyes (Poder Legislativo), la facultad de hacerlas ejecutar (Poder Ejecutivo) y la facultad de aplicarlas a los casos particulares” (Poder Judicial). Como la maldita experiencia abunda en ejemplos de que quienes integran el Legislativo y supuestamente se encargan de elaborar las leyes, lo hacen mal, cuestan mucho, trabajan poco y ofenden al ciudadano al ostentarse como sus representantes, es común que se les aplique la misma denominación de “zánganos” que los entomólogos asignan a la única subespecie improductiva del enjambre, y que el diccionario define, en sentido figurado, como “hombre flojo, desmañado y torpe”. —II— A la larga lista de escándalos de las últimas “legislaturas” —eufemismo por “bandas” o “pandillas”—, y de los que la cereza en el helado sería la asignación de cerca de 10 millones de pesos al auditor superior del Estado, sin más justificación aparente que la justa correspondencia dentro de un perverso pero muy bien aceitado esquema de complicidades, se sumaron, en fechas recientes, otros dos: la información (“Mural”, VII-21-11) acerca de las nóminas secretas del Congreso del Estado: más de cinco millones de pesos pagados durante 2008 a 59 supuestos trabajadores, “sin contratos ni evidencias del producto final”... y la sospecha de que esa práctica prevalece; adicionalmente, para que se vea cómo se ejercita, en nombre y en representación del pueblo, aunque sea a sus espaldas, y en beneficio de sus “legítimos representantes” el precepto bíblico de “dar de comer al hambriento y dar de beber al sediento”, la erogación de 20 millones de pesos, entre 2005 y 2010 (EL INFORMADOR, VII-23-11) en “alimentos, refrescos, botana, galletas y agua”, para los diputados y sus trabajadores: “tres veces más —consigna la nota— de lo que el IJAS, en el mismo período, destinó a comida para  ancianos y personas en pobreza atendidos en tres asilos”. —III— La definición de “zángano” incluida línea arriba, por cierto, admite un par de retoques. Una: aunque el vocablo sólo contempla el género masculino, el individuo en cuestión también puede aplicarse a mujeres. Y dos: a sus “galas” ya enumeradas —flojo, desmañado y torpe— suele añadir otra: la de cínico. * Jaime García Elías es periodista y conductor radiofónico.
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