Ideas

— ¿Va en serio...?

Cuando puedan volver a circular por la Glorieta Minerva, los automovilistas advertirán, intempestivamente, que el entorno, en efecto, es más amable...  Admitirán, de entrada, que el sacrificio que representó modificar sus itinerarios habituales, descaminar sus pasos y perder en esos trances unos minutos todos los días, durante varias semanas, explorando las “rutas alternas” sugeridas por la autoridad, valió la pena. La mayoría coincidirá en que la “manita de gato” a que actualmente están siendo sometidos tanto el icono por excelencia de Guadalajara como su entorno inmediato, dio los resultados apetecidos. Así sea. Sin embargo... —II— Falta, sin embargo, que el tiempo —“supremo juez...”— diga la última palabra. Falta que se tomen medidas para dar el mantenimiento que requieren el piso de concreto estampado que sustituirá al de asfalto que “aguantó vara” durante años —el paso de millones de automóviles y los chanclazos eufóricos de millones de manifestantes que se concentraban lo mismo para celebrar victorias deportivas que políticas—, la fuente, el jardín que la circunda, el monumento que la identifica, los Arcos que le hacen compañía... y el entorno que la envuelve. Ayer, por ejemplo, la autoridad municipal decidió poner energía donde antes hubo desidia, según algunos... o corrupción, según otros. De los “espectaculares” instalados en los alrededores de la emblemática glorieta, ocho fueron inmisericordemente retirados. La explicación burocrática alude a “irregularidades” en la obtención de los permisos y a “contravenciones a los reglamentos municipales”. Para decirlo en cristiano, que hubo “manga ancha”. Y cuando eso ocurre, la razón suele ser la misma: el empleo de la fórmula infalible de la dádiva. —III— La razón de fondo de la medida, se adivina. Es obvia. Tan obvia que raya en lo burdo... La verdadera razón de la “limpia” tiene que ver con la imagen que se quiere dar de Guadalajara a los visitantes que lleguen con motivo de los Juegos Panamericanos: la de una ciudad limpia y ordenada. (¡Oh, sí...!). El retiro de los abominables e inoperantes “espectaculares” (abominables porque afean el paisaje; inoperantes porque, de tantos que son, saturan de información a los potenciales receptores y vuelven ineficaces sus mensajes),  obedece a la vieja costumbre de pasar la escoba y el plumero “por donde ve la suegra”... Cuando los turistas panamericanos se hayan ido, volveremos al cochinero en que los tapatíos —por nacimiento o por adopción—, por desgracia, ya nos acostumbramos a vivir. Ya lo veremos. JAIME GARCÍA ELÍAS / Periodista y conductor radiofónico.
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