Ideas

— ¿Tregua...?

Es casi automático: cuando los ex presidentes de la República abren la boca... meten la pata. Calladitos, en cambio, a la manera de los mirones —que “son de palo”, ya se sabe— en el juego de ajedrez, hasta inteligentes parecen... O sensatos, cuando menos. —II— La pifia más reciente del primer “Presidente del Cambio”, con merecimientos sobrados para agregarse a frases ya proverbiales (“¿Y por qué yo...?”, “Comes y te vas...”, etc.), fue la recomendación que se sirvió hacerle llegar, a través de los medios, al Presidente Felipe Calderón: a la vista de la temperatura a la que se están cociendo las habas en el perol de la “Guerra contra la Delincuencia”, la tregua y la amnistía como estrategias. Si Juan Cuerdas o Perico de los Palotes hicieran tales propuestas, pasarían como lo que son: necedades; sandeces... Puesto que es un ex presidente quien las rubrica, una y otra adquieren, ipso facto, otra dimensión. Es como si el maestro le dijera al alumno (o el padre al hijo, o el rey al príncipe: tómese la analogía que se prefiera): “Yo, en tu lugar, haría esto...”. Tregua, diccionario en mano, significa “cesación de hostilidades, por determinado tiempo, entre los enemigos”; si los enemigos, en la guerra en curso, son la delincuencia y el poder legítimo (digno o indigno, competente o incompetente, pero legítimo), ¿no es aberrante, señor Fox, que éste capitule, humille el arma y claudique en el compromiso de defender los intereses supremos de la sociedad?... Amnistía es olvido de los delitos; perdón de las penas que corresponden a tales conductas; ¿no sería una decisión presidencial en ese sentido, señor Fox (dígalo usted, que fue presidente... o, si prefiere, consúltelo con quien compartía el poder en la grotesca fórmula de “la pareja presidencial” que alguna vez se sacó de la manga), la más pusilánime de las conductas, y un modelo perfecto —valga la paradoja— de impunidad?... —III— Menos mal que el Presidente Calderón no tuvo empacho en sacrificar la cortesía —que, por lo demás, no viene al caso— en aras de la franqueza: es preferible pagar el precio de la legalidad y la dignidad, que entregar la plaza al enemigo. (No tendría sentido poner al señor Fox a llenar páginas de cuaderno con la rotunda y sabia frase de Pedro Ojeda Paullada cuando era procurador general de la República: “El Gobierno no pacta con criminales”... Hay maderas que no agarran el barniz).
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