Ideas
* Talentos en fuga
Rivales, los protagonistas, en lo deportivo (uno es “chiva”, el otro rojinegro; usted decida, lector amable, a quién instala en la esquina de los técnicos y a quién relega a la de los rudos...), los casos de Ulises Dávila y Edson Rivera parecen, más que simplemente hermanos carnales, gemelos. Mire usted... * Ulises y Edson fueron figuras sobresalientes en la Selección mexicana que, ante la sorpresa de tirios y troyanos, con toda legitimidad conquistó el tercer lugar en el Mundial Sub-20. Al primero se le auguraba un brillante futuro en el Guadalajara, en parte por las facultades de que dejó constancia en el certamen de referencia, y en parte por el entorno propicio para su desarrollo que sería —según los cálculos de sus dirigentes y las ponderaciones de los expertos— un Guadalajara “en años de Chivas gordas”. Del segundo se esperaba, por un lado, que creciera como futbolista merced a las oportunidades que tendría, teóricamente, para manifestarse en la cancha, en un plantel como el rojinegro, raquítico en talentos; se confiaba, por el otro, en que su calidad constituyera una aportación significativa a la salvación del Atlas, amenazado —por enésima vez en su historia— por el fantasma del descenso. * El capítulo de la confirmación de sus dotes futbolísticas en sus equipos de club, quedó en suspenso... El representante de Dávila lo convenció de que su futuro está en Europa, y movió los hilos para que el Chelsea —uno de los mejores equipos de la Liga Premier Inglesa— se decidiera a apostar dos millones de euros (unos 36 millones de pesos) al futuro del joven jugador. El de Rivera aprovechó que los directivos del Atlas no acertaron a contratarlo antes del Mundial de Colombia, para persuadirlo de buscar en Portugal una bolsa muy superior a los 35 mil pesos mensuales, y en Europa un futuro más bonancible del que le ofrecen aquí los dirigentes rojinegros. * Con los antecedentes de Giovani dos Santos y Carlos Vela, que ya llevan varios años corriendo la legua en Europa, y los de Christian Sánchez y Jorge Hernández, que también se la jugaron (sin fortuna... pero al menos no se quedaron con las ganas) a favor de una lícita ilusión, queda claro que ya hay futbolistas mexicanos a los que el futbol mexicano —¡quién lo dijera!— empieza a quedarles chico.