Ideas
— Retórica
Malos tiempos son los actuales para las artes, señor. La retórica, por ejemplo... —II— Definida como “Arte de bien decir, de embellecer la expresión de los conceptos...”, la retórica, por desgracia, cayó en manos de los profesionales de la política. ¡Maldita la hora en que tal sucedió...! A partir de ahí, ese arte, asociado a la oratoria, degeneró. Su valor de uso dejó de ser el perfeccionamiento de la forma, sin perjuicio de la claridad de la idea. Los vividores de la política descubrieron que es más fácil emocionar que convencer al vulgo necio. Decidieron, a continuación, que las frases sonoras, aunque huecas, emocionan a los tontos; descubrimiento sensacional, puesto que “el número de los estúpidos es infinito”. Son (¿o somos...?) mayoría, pues. Y como las elecciones no se ganan por la calidad de los conceptos, la pertinencia de los programas o la viabilidad de los proyectos, sino, simplemente, por mayoría de votos..., carambola hecha: “Apantállalos, y son tuyos”. En su Sexto Informe de Gobierno, por ejemplo, Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México (y, secreto a voces, virtual precandidato del PRI a la Presidencia de la República), se dio vuelo con frases impecables en la forma, vanas en el fondo. Botones de muestra: “Asumamos lo que somos: una nueva generación de mexicanos que no se resigna, que sabe y quiere demostrar que sí se puede; una generación que no se define por su edad, sino por su actitud, por su deseo de vencer las adversidades y de vivir en un país exitoso...”. “La mejor oferta política no es la que condena el pasado, sino la que ve hacia adelante y convoca a todos a enfrentar los problemas; aquella que mantiene lo que funciona y cambia lo que debe mejorar...”. “Es necesario que recuperemos México como un lugar seguro, con horizonte positivo y capacidad de realizarlo; ninguna transformación será posible si antes no tenemos claro o no tenemos capacidad para realizarla...”. “Un Estado eficaz debe ser pragmático, capaz de hacer que los proyectos se concreten y el Gobierno cumpla sus responsabilidades...”. —III— No queda claro si las frases del posible candidato y probable presidente son suyas, o si tiene amanuenses a sueldo que se las redacten para que él —debidamente ensayadas, por supuesto— las repita. Lo cierto es que el corolario a la medida es la expresión que utilizan los jóvenes actuales, al cabo de cualquier parrafada cantinflesca: —¿Y eso qué...?