Ideas

-“¡Magazo…!”

Beto el Boticario rubricaría el lance con la expresión que solía utilizar al cabo de sus gustados trucos de prestidigitación, no divertidos aunque resultaran fallidos, sino divertidos —precisamente— por fallidos: “¡Qué grande eres, magazo…!”.

-II-

Se trata del descubrimiento que hizo —y que hizo público— el titular de la Policía Vial, dependiente de la Secretaría de Movilidad, Francisco Poe Morales: a raíz de los operativos que se realizaron la semana pasada en las calles de Guadalajara y anexas, para interceptar a los motociclistas que incurrieran en alguna anomalía —cometer infracciones tales como circular en sentido contrario o por donde no deberían hacerlo, omitir el uso del casco, llevar en el vehículo más ocupantes que los permitidos, etcétera—, disminuyó, como por arte de magia, el número de infractores… y, de paso, el de accidentes.

Viene al caso puntualizar que uno de los objetivos primordiales de los dichosos “operativos” era detectar motocicletas carentes de documentos, a partir de la presunción de que la mayoría de los “motorratones” que se han convertido en una pesadilla para los transeúntes, estén operando en motocicletas robadas y, por ende, indocumentadas. Se trataba, pues, de hacerles sentir de que la autoridad iba tras ellos.

Ahora bien: como la mayoría de las raterías que cometen esos raterillos no se denuncia, porque son robos de poca monta, porque las víctimas saben que denunciar implicará múltiples contratiempos y molestias, por un lado, y, por otro, escasas perspectivas de que al final del cuento se detenga a los ladrones y se recuperen los objetos robados, una supuesta “batida” contra los “motorratones” generará lo que en el argot policíaco se conoce técnicamente como “efecto cucaracha”; es decir, el desplazamiento de los rateros a otras zonas… Total, en una ciudad como Guadalajara, cuyos habitantes saben que lo que no haga su ángel de la guarda difícilmente lo hará la policía, lo que sobra es campo de acción —y potenciales víctimas, desde luego— para los profesionales de la malvivencia.

-III-

Por lo demás, el revolucionario descubrimiento del señor Poe Morales, de que cuando se persigue sistemáticamente a los infractores la incidencia de infracciones disminuye, demuestra, como quien no quiere la cosa, que cuando la autoridad se limita a hacer como que cumple —y, en sus ratos libres, a hurgarse el ombligo—, cunde la anarquía; pero cuando se propone trabajar, los resultados (y, de paso, el reconocimiento de los ciudadanos), como por arte de magia, se dan.
 

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