Ideas
— ¿Ludópata...?
A ver: “ventanear” a un diputado (es decir, a un “honorable” representante popular”) por haberse ausentado de su curul en una fecha en que era particularmente importante su asistencia, porque en la agenda estaba incluido un asunto trascendental, lo mismo puede ser un hit en el aspecto periodístico, que un golpe bajo de la peor estofa. Como dicen en los pueblos: “Tantéele y móchele”, lector amable... —II— La nota (“Mural”, IX-19-11) refiere que Alfredo Argüelles Basave, diputado local y —secreto a voces— aspirante panista a presidente municipal de Guadalajara, faltó a la sesión del martes pasado. Ese día, el Pleno del Congreso local discutió, por enésima vez, el escandaloso “affaire Alonso Godoy”. A la hora de tomar una decisión, hizo falta un voto para destituir al auditor e iniciar el procedimiento jurídico orientado a fincarle responsabilidades por haber recibido, de manera irregular, pagos por cerca de 10 millones de pesos en la anterior Legislatura. Ese voto pudo haber sido (o no...) el del diputado Argüelles. Al asunto no pudo dársele el trámite debido, porque el diputado envió el mensaje de que faltaría a la sesión “por motivos personales”. La nota se complementa con una fotografía del interfecto, acompañado de varias personas en una mesa de juego de un casino de Las Vegas... No es obvio que Argüelles esté apostando. Quizá estén apostando —tampoco eso está suficientemente claro— sus acompañantes, y él, en tanto, ora y espera que caigan algunas migajas de la mesa, a raíz de un golpe de suerte a favor de cualquiera de sus amigos. Sí es evidente, en cambio, que don Alfredo vestía un pantalón (¿de mezclilla?)... roto a la altura de la pierna izquierda. Y también es obvio —porque la prensa local dio cuenta del hecho, ampliamente— que para esa fecha varios casinos de Guadalajara estaban cerrados, por disposición de la autoridad municipal. En esas condiciones, antes de soltar versiones de las que pueden desprenderse, a la ligera, de manera malévola, ruines hipótesis acerca de la supuesta irresponsabilidad de un probo personaje público o de su propensión a la ludopatía, habría que ponderar las circunstancias: primero, la imperiosa necesidad de dignificar su indumentaria (se trata, subrayémoslo, de un representante popular: no de un mamarracho o de un indigente); y segundo..., que los casinos locales estaban cerrados. Entonces, ¿qué querían que el buen señor hiciera, por el amor de Dios...? —III— Lo dicho: usted, lector amable, “tantéele y móchele”.