Ideas
— La borrachera...
Esa historia —la de los Juegos Panamericanos— de la que se diría que ahora mismo se está escribiendo el prólogo si no se supiera que los prólogos suelen escribirse después de los libros a los que sirven de aperitivo para los lectores, tendrá dos caras: un antes y un después. La borrachera y la cruda, para decirlo sin eufemismos...
—II— Una vez que otros audaces proyectos gubernamentales de la actual e incluso de precedentes administraciones —la presa de Arcediano, las varias líneas del Macrobús que quedaron pendientes, etc., etc.— se resolvieron en sendos abortos, la única carta de triunfo (“¡ánimas santas...!”) que sigue en la manga del aún gobernador y ya precandidato a “La Grande”, es, justamente, la de los Juegos que comenzarán dentro de 57 días. Se comprende, por lo tanto, la obsesión por apostarle “el resto”, como hacen, incluso, los jugadores cuya “mano” se limita a un triste par de doses. Los Panamericanos, sin duda, reportarán beneficios. A México, porque permitirán proyectar al mundo —o al hemisferio, al menos— la imagen de un país como tantos otros: con sus riesgos innegables y sus carencias evidentes, pero también con bondades accesibles para la mayoría de sus habitantes y con atractivos para sus visitantes. A Guadalajara por la promoción que representa para la segunda ciudad de la República, amén de “cuna de la mexicanidad” en varios aspectos, y por el beneficio que dejarán, en teoría, las instalaciones deportivas que con motivo de los Juegos se habilitaron. Y al gobernador de Jalisco, porque si él —con los recursos económicos que puede manejar de manera discrecional y los adicionales que el Gobierno federal comprometió implícitamente al avalar el compromiso— no hubiese atravesado el cuerpo para hacer el quite después del fracaso (con los correspondientes escándalos) de los proyectos originales relacionados con la construcción de la Villa Panamericana y el estadio de atletismo, el Gobierno municipal no habría tenido más remedio que tirar la toalla.
—III— En el entendido, pues, de que el Gobierno federal y el estatal comprarían el pleito, la aventura pudo continuar. Y aunque ahora mismo se avanza a marchas forzadas en la preparación de los escenarios, puede darse por hecho que habrá borrachera, como se había planeado. Ya después vendrá, fatalmente, la cruda. Pero como eso llega al día siguiente, también aquí la otra cara de la borrachera —la menos amable— quedará (como dijera el “Pada Oda”) “para mañana”...