Ideas

— De pena ajena

Las elecciones en México ya no son como antes. Ni los candidatos...

Antes de “el feliz advenimiento de la democracia” (“whatever that means”, hubiera dicho Don Daniel Cosío Villegas) a esta Tierra de Dios y de María Santísima, los países del Primer Mundo en materia electoral se preciaban de que “los resultados de los comicios pueden conocerse dos horas después de que se emite el último voto”.

La réplica “a la mexicana” —indiscutible, además— de esa bravata, era esta:

—Pues, en México, los resultados de las elecciones se conocen... un año antes de que se emita el primer voto.

                                                                                        -II-

De cara a las elecciones del próximo primero de julio, las informaciones más recientes acerca de los candidatos son, de plano, de pena ajena...

Por orden de aparición (como en el teatro): Josefina Vázquez Mota dio la nota por el desaire de los “invitados” (eufemismo por “acarreados”) al retirarse del “Estadio Azul” antes del discurso —epopeya del tópico más devaluado y del lugar común más manido— que pretendía “coronar” su rendición de protesta. Enrique Peña Nieto fue exhibido por los medios de comunicación por la manera tan burda como se valió de un artilugio tecnológico (el teleprompter), a guisa de “acordeón”, lo mismo para leer las siete palabras —nada que ver con las del Nazareno en la cruz— de la protesta, que para continuar, ya encarrerado, con un discurso que compitió, en lo insustancial y descafeinado, con el de la señora Vázquez. De Andrés Manuel López Obrador, acaba de publicarse su declaración más enjundiosa de los últimos meses (la afirmación de que, de no ganar la próxima elección, ya no se autoproclamará “presidente legítimo”)... en la revista “Playboy”, especializada, como todo mundo sabe, en asuntos políticos tratados a profundidad.

                                                                                       -III-

Reza el adagio que “Con estos bueyes hay que arar”. Sin ánimo de ofender a nadie con las inevitables comparaciones, habría que decir, mutatis mutantis,  que “entre estos candidatos hay que elegir”...

Como no se produzca, en las campañas propiamente dichas, una metamorfosis de la que resulten propuestas estimables, o, al menos, frases enjundiosas de los candidatos (aquellas de Vicente Fox acerca de víboras chirrioneras, tepocatas y demás sabandijas, por ejemplo...), queda el consuelo de que si ya no hay un “Cantinflas” como opción, por ahí anda todavía “El Chapulín Colorado” como alternativa, más moral que jurídica, para no tener que suscribirse al recurso del voto en blanco.
 

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