Ideas

* Contundencia

Lo de siempre: “Goles son amores, y no buenas razones…”.

Si hubiera otra manera de ganar un partido de futbol, es posible que la victoria hubiera sido del Guadalajara: fue el equipo que más la buscó; fue el que tuvo más tiempo la pelota en su poder; fue el que denotó más variantes; fue el que esgrimió más argumentos futbolísticos para adjudicarse la edición del “Clásico” que suscitó la mejor entrada para un partido de Liga en el espléndido estadio de las “Chivas”.

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Empero, no pudo ser. La historia terminó por escribirse en función de que el América tuvo en dos ocasiones lo que a los rayados les faltó: la contundencia que transforma las aproximaciones en goles, y los goles en victorias… aunque quede en el aire, en teoría, la idea de que el resultado fue injusto.

Y es que, bien visto, quizá no ganó el mejor. Ganó, simple y llanamente, el que metió más veces la pelota. Punto. >

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Más allá de la frustración porque —reiterémoslo— quedó la sensación de que el desenlace no se dio en sintonía con el desarrollo del partido, también es de justicia reconocer que el América supo jugar sus cartas… >

Aunque el Guadalajara jugó un excelente primer tiempo —como si se tratara de una Final, como si la consigna consistiera en salvar el campeonato en un solo partido—, el cuadro capitalino supo fabricar los goles. El primero, al aguantar Peralta, de espaldas al marco, la marca de Pereira y funcionar como pivote para propiciar el arribo y el balazo inapelable de Quintero al ángulo izquierdo. El segundo al penetrar Sambueza, por la izquierda, con López como lapa a sus espaldas, y servir el medio gol que Peralta, totalmente desmarcado —quizá la única pifia de la defensiva local— complementó con relativa facilidad.

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Hubo, por supuesto, materia prima para la polémica: el fuera de juego por el que fue invalidado un gol a Brizuela y un empujón por la espalda que impidió rematar a Bravo, en el primer tiempo; las expulsiones de Cisneros y Goltz, de las que quedó asimismo la sensación de que fueron injustas; el gol invalidado a Vázquez en los minutos finales…

La historia dirá, al final de cuentas, que el América se llevó la victoria porque supo esgrimir el único argumento que, en este negocio, no necesita explicaciones: el gol.

Todo lo demás es literatura.

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