Ideas

* Clásico “light”

Puede que Alfredo Tena tenga razón: que el “Clásico” América-Guadalajara del presente –el de mañana, por ejemplo— sea, bien visto, una caricatura, una parodia, una copia al carbón; una versión descafeinada, en suma, del que solía ser en el pasado. Puede… * Habría que considerar la atenuante de que a esa película le faltan en el reparto actores de carácter que vuelvan convincentes a los protagonistas… En el inicio de los “clásicos” –en los albores de la era del Guadalajara “Campeonísimo”, en los años cincuentas del siglo pasado--, el ingenio y el sarcasmo de Fernando Marcos, fue fundamental para que la mecha se prendiera: el América, del que era entrenador, ligó victorias sobre los tres equipos de Guadalajara (Atlas, Oro y Guadalajara), todas ellas por 2-0, aún en el viejo “Parque Oro”. Marcos hizo circular el chiste de que “la Larga Distancia para Guadalajara es ahora 2-0, 2-0, 2-0”. Perforó varios hígados, sí,  y coleccionó recordatorios familiares al mayoreo, también… pero dejó clavada la puya en todo lo alto del morrillo. Vendría después aquella expulsión de Guillermo Sepúlveda, en el Estadio de la C. U., y el desplante del “Tigre”, de arrojar la camisa a la cancha mientras gritaba que “¡con esta tenemos para ganarles…!”. Vendrían más tarde las ácidas declaraciones con que José Antonio Roca (la odiosa versión “Dr. Jekill” del apacible “Mr. Hyde” que había sido el inofensivo “Roquita” en sus tiempos de jugador en activo) calentaba los “Clásicos” en los tiempos en que dirigía al mejor América de los tiempos (relativamente) modernos: el de los Tena –precisamente--, “Pichojos”, Reynoso, Borja, “Monito” Rodríguez, Borbolla y anexas. En fin… * Empero, una cosa es que los duelos entre los equipos que en el último medio siglo se disputan palmo a palmo tanto la medalla de oro de las simpatías como de las antipatías mayoritarias en el futbol mexicano, y otra muy diferente que los “Clásicos” de hoy carezcan de ingredientes para rivalizar con los del pasado. Ahora mismo, los erráticos arranques de temporada de los dos equipos, el despertar que ambos apuntaron en la jornada anterior, más la circunstancia de que la recta final del certamen venga a la vuelta de la esquina, repercuten en el fenómeno que salta a la vista: la expectación que –con los Juegos Panamericanos como tenue telón de fondo— ha conseguido despertar el “Clásico” dominical. ¡Hagan juego, señores…!
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