Ideas
* Chantaje
No basta, por lo visto, el severo conflicto existencial por el que deben estar atravesando los simpatizantes del América y del Atlas, tan lejos de la gloria y tan cerca del infierno en esta campaña. No basta. De ahí que, para acrecentar el sufrimiento, los feligreses de ambos están condenados a dos cosas: una, soportar los lamentables resultados que uno y otro han coleccionado en el actual Torneo de Apertura; dos, tener que “bajarse” esos tragos tan amargos, con los rollos lacrimógenos de sus entrenadores.
* No se duda de la genuina simpatía de los técnicos por sus equipos. Más allá de los compromisos profesionales, personas como son, se entiende que puedan vincularse afectivamente con los colores. En el caso de Carlos Reynoso, consigna la historia que el chileno fue, probablemente, el mejor jugador en una de las mejores épocas del cuadro capitalino. En el de Romano, aunque el Atlas fue uno de los pocos equipos mexicanos en que no jugó (caso curioso: a Rubén lo trajo a México el América… pero nunca jugó ahí: durante años pasó de un equipo a otro, en calidad de préstamo, sin hacer huesos viejos en ninguno), el técnico argentino puede tener muchas y muy respetables razones para enamorarse de la institución rojinegra, como tantos paisanos suyos lo hicieron en el pasado: Eduardo Valdatti, Javier Novello, Enrique Álvarez Vega, Rafael Albrecht… Sin embargo, independientemente de la sinceridad de sus afectos, lo medular consiste en conseguir, con sus respectivos equipos , a tono con la lógica, a sabiendas de que las razonables expectativas de cada plantel dependen de los alcances del material humano de que disponen, resultados acordes con los anhelos de dirigentes y simpatizantes… y con los compromisos asumidos por los propios técnicos. * Ni Reynoso ni Romano, en ese aspecto, han estado a la altura del historial de los equipos de que se declaran “hinchas”. Al margen de sus declaraciones --chantajistas, pletóricas de sentimentalismo, desprovistas de sentido crítico, empecinadas en querer ver complots, fantasmas y moros con tranchete donde sólo hay incompetencia--, ahí están, implacables, los malditos resultados… Es evidente que la permanencia de uno y otro en el puente de mando se ha vuelto insostenible. Ambos, en ese aspecto, están viviendo horas extra. Los hechos los condenan, pero ellos siguen vivitos y coleando –o, en el caso, lagrimeando-- gracias al capricho de sus dirigentes. Allá ellos.