- Triunfalismo
–¡Vamos a ganar…!
Que el presidente de un partido político –o, en el caso, el “candidato de unidad” en vías de serlo— proclame que “Vamos a ganar”, pensando en las elecciones del año próximo, puede ser muy diferente a que una declaración similar, con idénticas palabras incluso, corra a cargo del entrenador de un equipo de futbol mientras piensa en el partido en puerta. En el caso de este último, la declaración triunfalista del director técnico, al margen de los peligros que entraña, es una invitación al optimismo de jugadores y dirigentes, por supuesto…, pero, principalmente, de los simpatizantes de su escuadra. En el primero, por lo que podía advertirse en el clima festivo que lo rodeaba, la invitación al optimismo lleva dedicatoria a los militantes del partido, que buscan un lucro personal en el resultado de las elecciones programadas en el corto plazo….; no al pueblo que, mediante los votos, a partir de las promesas de amores de los candidatos –que en eso consisten, en esencia, las campañas—, decidirá el resultado de la contienda.
-II-
En teoría, en una democracia, el principal beneficiario de cada contienda electoral debería ser el pueblo. En el caso de la mexicana –calificada de “incipiente” por los politólogos— da la casualidad de que tanto los dirigentes de partidos (pintos o colorados) como los aspirantes a los principales premios que estarán a concurso en esa especie de tómbola que periódicamente se realiza, hay consenso en dos vías: por un lado, en que, vistas las cosas a través del retrovisor de la historia, el pueblo sólo tiene motivos para sentirse frustrado, porque cuando los malos no ganan las elecciones, las ganan… los peores; por el otro, en que ya es hora de que las cosas cambien; de que los partidos políticos –y quienes pastorean a sus huestes, principalmente— dejen de ser los ganones en esas contiendas en que el elector sólo sirve para decidir el nombre de su tirano en turno.
-III-
Es inevitable, cada vez que aparecen los primeros barruntos de la “efervescencia ciudadana” de que hablan los más imaginativos, evocar aquellas “Scenes we’d like to see” (escenas que quisiéramos ver) de la revista humorística “Mad”, e imaginar, en una de ellas, que fuera el pueblo el que dijera, convencido de que se le invita a escoger entre el bueno y el mejor –y no entre el malo y el peor— la frase que ahora pronuncian, triunfalistas, los dirigentes de partidos:
–¡Vamos a ganar…!
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