Ideas

- Chayote caliente

En un aspecto, al menos, es evidente que el Gobierno saliente les cumplió a los jaliscienses: el del empleo; (aunque, puestos a llamar “al pan, pan, y al vino, vino”, habría que decir “del subempleo”). La mejor prueba de ello está en la incontenible proliferación de vendedores ambulantes en banquetas, andadores y plazas públicas del primer cuadro de Guadalajara.

-II-

Tanto Felipe Calderón como Emilio González coincidieron durante sus campañas en proclamarse “a priori” como “El Presidente del Empleo”, uno, y como “El Gobernador del Empleo”, el otro. El fenómeno cada vez más visible —y, de paso, cada vez más conflictivo— del comercio informal, es claro síntoma de que las metas, en ese aspecto, no se alcanzaron.

Si tanta gente sale a la calle a tratar de ganarse el diario sustento vendiendo lo que buenamente se pueda —desde tacos de manufactura casera hasta anteojos “made in China”, pasando por esa moderna artesanía orgullosamente mexicana dedicada a reproducir películas pirata—, es porque no encuentra el espacio adecuado para ejercer un oficio o una profesión: algo doblemente ominoso, esto último, si se repara en que un porcentaje significativo de los profesionistas desempleados —y condenados, por ende, muchos de ellos, a la informalidad— son egresados de la universidad pública... Y aunque se entiende que los gobiernos, por sí mismos, no generan empleo (a no ser que la cada vez más ostensible burocracia y la cada vez más escandalosa cifra de “aviadores” que cobran puntualmente en dependencias públicas puedan inscribirse en ese rubro), también se entiende que las adecuadas políticas de los gobiernos propician la confianza de los inversionistas, y, en consecuencia, la generación de empleos.

-III-

Los afanes de las aún flamantes autoridades municipales, en Guadalajara, se limitan a retirar a los vendedores ambulantes de un espacio... para establecer —valga la expresión— “zonas de tolerancia” para su reubicación a unas cuadras de distancia. Los quitan de donde resultan ofensivos a la vista de los turistas... para ubicarlos donde resultan incómodos (y aun inseguros, por la promiscuidad y el hacinamiento que generan) para los vecinos.

Además de haber generado corrupción —que no se necesitaba demasiada perspicacia para diagnosticar—, el comercio ambulante se ha convertido en un especie de “chayote caliente” con el que quienes hasta ahora han demostrado ser incapaces de tomar medidas al efecto de que no fuera el “mal necesario” que es, se limitan a hacer malabares. (Torpemente, por cierto).

Sigue navegando