Entretenimiento
¿Descifrar lo indescifrable?
El Magisterio de la Iglesia nos dice que el mismo Dios “dispuso en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad
Dios es, y será siempre, un misterio insondable para el ser humano. En virtud a que Él es Espíritu puro y habita en otra dimensión, en una “luz inaccesible”, como afirma San Pablo en su primera Carta a Timoteo; luz a la que, por lo tanto, el ser humano no puede penetrar, dada su limitación por naturaleza. De ello se deriva que no le es posible conocer a Dios plenamente, sino hasta el día en que se presente ante Él y lo vea cara a cara.
Sin embargo, el Magisterio de la Iglesia nos dice que el mismo Dios “dispuso en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina” (Catecismo de la Iglesia Católica # 51).
Sabemos también que se puede llegar al conocimiento de Dios, haciendo uso de la razón natural, a partir de sus obras. Sin embargo, ese no es el conocimiento que pueda llevar al ser humano a penetrar en su intimidad y a establecer una comunión estrecha con Él, que al final de cuentas lo llevará a ese conocimiento pleno en la vida eterna.
Son muchos los que quieren descubrir ese misterio y llegar al conocimiento de Dios, haciendo uso de sus propias capacidades y fuerzas, y jamás lo logran, por lo que terminan perdiendo la poca fe que aún tenían, declarándose ateos y afirmando que Dios no existe.
Es, pues, por medio de la revelación que podemos conocer a Dios, hasta donde nuestras limitaciones nos lo permiten. Sin embargo, el que con fe y humildad se abre y acoge esta revelación, logrará el máximo grado de conocimiento de Él que le es posible al ser humano.
Ahora bien, en esta revelación el Padre nos dio todo, al darnos a su Hijo, Palabra encarnada. San Juan de la Cruz afirmó: “Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas, ya lo ha hablado todo en Él, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer cosa otra alguna o novedad”.
Es así que en Cristo y por la acción del Espíritu Santo, podemos tener ese acercamiento a Dios; y ese conocimiento a nuestra medida, no se alcanza por medio del intelecto ni de la razón, sino del corazón; es decir, de la experiencia de una relación íntima con Cristo, “imagen del Dios invisible”, por la fe y el amor.
Hoy que la Iglesia Universal celebra la solemne fiesta de la Santísima Trinidad, en la que conmemoramos cómo Dios se nos revela como Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, muchos aún dudan, no se explican cómo es esto y no creen, y tratan de hacerlo desde la misma razón, cuando ello es imposible, dado que es misterio. El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo (CIC 234).
Por ello es recomendable no perder tiempo ni energías tratando de descifrar lo indescifrable. Si realmente queremos conocer a Dios, busquemos tener un encuentro personal con Él: Con el Padre, que es Amor y que nos ama incondicional, infinita y personalmente; con el Hijo, quien es el hermano y amigo por excelencia y dio su vida para salvarnos a todos, y con su resurrección nos ganó esa salvación; y con el Espíritu Santo, quien es el que hace presente a Jesús en medio y en nosotros; quien continúa su Obra salvífica y nos capacita para seguirlo, dándonos los dones y carismas necesarios para el servicio a su Reino y a los demás, y sobre todo, nos santifica, dándonos una vida nueva.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx
Sin embargo, el Magisterio de la Iglesia nos dice que el mismo Dios “dispuso en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina” (Catecismo de la Iglesia Católica # 51).
Sabemos también que se puede llegar al conocimiento de Dios, haciendo uso de la razón natural, a partir de sus obras. Sin embargo, ese no es el conocimiento que pueda llevar al ser humano a penetrar en su intimidad y a establecer una comunión estrecha con Él, que al final de cuentas lo llevará a ese conocimiento pleno en la vida eterna.
Son muchos los que quieren descubrir ese misterio y llegar al conocimiento de Dios, haciendo uso de sus propias capacidades y fuerzas, y jamás lo logran, por lo que terminan perdiendo la poca fe que aún tenían, declarándose ateos y afirmando que Dios no existe.
Es, pues, por medio de la revelación que podemos conocer a Dios, hasta donde nuestras limitaciones nos lo permiten. Sin embargo, el que con fe y humildad se abre y acoge esta revelación, logrará el máximo grado de conocimiento de Él que le es posible al ser humano.
Ahora bien, en esta revelación el Padre nos dio todo, al darnos a su Hijo, Palabra encarnada. San Juan de la Cruz afirmó: “Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas, ya lo ha hablado todo en Él, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer cosa otra alguna o novedad”.
Es así que en Cristo y por la acción del Espíritu Santo, podemos tener ese acercamiento a Dios; y ese conocimiento a nuestra medida, no se alcanza por medio del intelecto ni de la razón, sino del corazón; es decir, de la experiencia de una relación íntima con Cristo, “imagen del Dios invisible”, por la fe y el amor.
Hoy que la Iglesia Universal celebra la solemne fiesta de la Santísima Trinidad, en la que conmemoramos cómo Dios se nos revela como Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, muchos aún dudan, no se explican cómo es esto y no creen, y tratan de hacerlo desde la misma razón, cuando ello es imposible, dado que es misterio. El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo (CIC 234).
Por ello es recomendable no perder tiempo ni energías tratando de descifrar lo indescifrable. Si realmente queremos conocer a Dios, busquemos tener un encuentro personal con Él: Con el Padre, que es Amor y que nos ama incondicional, infinita y personalmente; con el Hijo, quien es el hermano y amigo por excelencia y dio su vida para salvarnos a todos, y con su resurrección nos ganó esa salvación; y con el Espíritu Santo, quien es el que hace presente a Jesús en medio y en nosotros; quien continúa su Obra salvífica y nos capacita para seguirlo, dándonos los dones y carismas necesarios para el servicio a su Reino y a los demás, y sobre todo, nos santifica, dándonos una vida nueva.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx