Deportes
“Ladran, Javier...”
A propósito
La luna de miel entre Javier Aguirre y los “expertos” duró poco. Para ser exactos, desde que se le designó, prácticamente por aclamación, sucesor de Sven-Goran Eriksson... hasta que se difundió la primera lista de seleccionados nacionales, confeccionada de su puño y letra.
Las voces de inconformidad surgieron de bote-pronto. Sin darle oportunidad de explicar los motivos de algunas presencias un tanto sorpresivas (cinco jugadores del América, por ejemplo: algo que no concuerda con la mediocre campaña que ese equipo ha realizado), y de algunas ausencias que asimismo llamaron la atención: la de Oswaldo Sánchez, principalmente.
Las protestas brotaron de inmediato, sin conceder a los llamados y al propio Javier Aguirre el beneficio de la duda con respecto a los merecimientos de aquéllos o a los argumentos de éste.
Las expresiones reprobatorias --cargadas de ofensas algunas de ellas-- irrumpieron, esgrimiendo con vehemencia el lugar común de que “ni están todos los que son, ni son todos los que están”... no obstante que era previsible que en la lista habría caras nuevas.
En efecto: si México, cumplidas tres semanas de la eliminatoria mundialista, se encuentra en un cuarto lugar que no hace justicia a su añejo prestigio de “Rey del Barrio” en la arrabalera --futbolísticamente hablando-- zona de la Concacaf, y si ese hecho, con la amenaza implícita de que no se consiga el boleto para el próximo Mundial, le costó la cabeza a su antecesor, lo lógico era que Javier comenzara, precisamente, por eliminar a algunos de “los hombres de Eriksson” y los sustituyera por otros a los que aún no hubiera reprobado la competencia en que se participa.
Aguirre lleva varios años alejado del futbol mexicano. A varios de los jugadores incluidos en la lista, nunca los ha visto jugar en un estadio... Sin embargo, ni se ha desvinculado del medio, ni desoirá las recomendaciones de sus asesores. Con ellos habrá platicado del tipo de jugadores que estima pertinente convocar: no sólo los que acaparan más espacios en los medios; no sólo los que reciben más menciones honoríficas de los especialistas o más piropos de los juglares que narran sus gestas dizque heroicas...
Los críticos tienen 42 días a su disposición para darse vuelo con la crisma de Aguirre. Después vendrá la de él: el 6 de junio, cuando el “Tri” juegue contra El Salvador, tendrá su turno de tapar bocas.
Las voces de inconformidad surgieron de bote-pronto. Sin darle oportunidad de explicar los motivos de algunas presencias un tanto sorpresivas (cinco jugadores del América, por ejemplo: algo que no concuerda con la mediocre campaña que ese equipo ha realizado), y de algunas ausencias que asimismo llamaron la atención: la de Oswaldo Sánchez, principalmente.
Las protestas brotaron de inmediato, sin conceder a los llamados y al propio Javier Aguirre el beneficio de la duda con respecto a los merecimientos de aquéllos o a los argumentos de éste.
Las expresiones reprobatorias --cargadas de ofensas algunas de ellas-- irrumpieron, esgrimiendo con vehemencia el lugar común de que “ni están todos los que son, ni son todos los que están”... no obstante que era previsible que en la lista habría caras nuevas.
En efecto: si México, cumplidas tres semanas de la eliminatoria mundialista, se encuentra en un cuarto lugar que no hace justicia a su añejo prestigio de “Rey del Barrio” en la arrabalera --futbolísticamente hablando-- zona de la Concacaf, y si ese hecho, con la amenaza implícita de que no se consiga el boleto para el próximo Mundial, le costó la cabeza a su antecesor, lo lógico era que Javier comenzara, precisamente, por eliminar a algunos de “los hombres de Eriksson” y los sustituyera por otros a los que aún no hubiera reprobado la competencia en que se participa.
Aguirre lleva varios años alejado del futbol mexicano. A varios de los jugadores incluidos en la lista, nunca los ha visto jugar en un estadio... Sin embargo, ni se ha desvinculado del medio, ni desoirá las recomendaciones de sus asesores. Con ellos habrá platicado del tipo de jugadores que estima pertinente convocar: no sólo los que acaparan más espacios en los medios; no sólo los que reciben más menciones honoríficas de los especialistas o más piropos de los juglares que narran sus gestas dizque heroicas...
Los críticos tienen 42 días a su disposición para darse vuelo con la crisma de Aguirre. Después vendrá la de él: el 6 de junio, cuando el “Tri” juegue contra El Salvador, tendrá su turno de tapar bocas.