Deportes
Beijing se pone el último toque de maquillaje
A un mes de los Juegos Olímpicos, la capital china pule los últimos detalles para la magna justa deportiva
Acuda al sitio oficial de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008
BEIJING, CHINA.- La capital china, tímida como una joven oriental, se apura para lucir espléndida el 8 de agosto próximo.
Su recato no esconde su vanidad. Beijing, que será la niña de los ojos del planeta dentro de un mes, se arregla con prisa, afinando los últimos detalles para la gran fiesta del deporte mundial. Se verá, sin duda, magnífica, aunque tenga que cruzar los dedos para que sus invitados no perciban uno que otro rincón indeseable en su casa.
Hay dos Beijing en estos días. Una, es la que el gobierno chino se apura para terminar a tiempo para recibir a los invitados de los Juegos Olímpicos. Esta Beijing, que aún no está lista, busca mostrar la imagen de la China pujante, rica, poderosa y desarrollada que sus gobernantes quieren que el mundo vea. En ella, hay el que probablemente sea el mayor y más moderno aeropuerto del mundo, con su techo en forma de alas de dragón en la nueva y aún no inaugurada Terminal 3. Hay, también, grandes avenidas, de cuatro o más carriles, invariablemente enmarcadas por camellones perfectos, llenos de flores multicolores, que siguen siendo plantadas por cientos, tal vez miles de trabajadores. Hay demostraciones de arquitectura arrojada en la forma de edificios altos, verdaderas esculturas verticales, tótems de la modernidad. Hay los estadios vanguardistas, cuyo representante máximo es el “Nido de pájaro”, sede de la apertura y clausura de los Juegos, que se yergue imponente cerca del centro de la ciudad. A 37 días de la apertura de los Juegos, aún no era posible siquiera acercarse a él para una foto, que tiene que ser tomada desde lejos, para frustración de los visitantes tempraneros. La Ciudad Prohibida, inmortalizada en la película “El Último Emperador”, de Bernardo Bertolucci, tuvo varios de sus edificios clausurados para remodelación. El más importante de ellos, en el que se tomaban decisiones de estado, sigue cerrado al público.
Los caminos principales de Beijing, como el que lleva a la Villa Olímpica, al centro desde el aeropuerto y desde la Villa y hasta los estadios, también fueron completamente remodelados, faltando detalles en algunos casos, como las flores en los camellones.
Para llegar al velódromo, que está a 45 kilómetros de Beijing, se toma una carretera digna de las mejores que se pueden ver en Estados Unidos o Europa. Curiosamente, la entrada a una de las maravillas de la humanidad, la Gran Muralla, que se encuentra en esa misma carretera, a poco más de 15 kilómetros después del velódromo, le hace falta al menos una “manita de gato”, aunque sí están preparando unas gradas para un espectáculo de luz y sonido y cerraron la gran mayoría de las tiendas que vendían recuerdos y artesanías y agobiaban a los turistas.
El otro lado de la moneda no es difícil de verse. Basta con salir un poco de las rutas que llevan a estadios o a la Villa para que se perciba que los 300 millones de chinos de clase media, son minoría ante los mil millones de pobres que viven en departamentos viejos, de 35 metros cuadrados, o en pequeños callejones, llamados “hudongs”, con casas que tienen baño comunitario.
“La vida no está fácil en años recientes”, afirma Dong Zhao, un vendedor ambulante de artículos relacionados con las Olimpiadas. “La vivienda aumentó su precio tres veces en los últimos tres años. La gasolina, que costaba tres yuanes (50 centavos de dólar), ahora sale a 6.2 yuanes”. Aún así, Dong está emocionado con los Juegos. “El mundo nos va a conocer mejor. Va a querer visitarnos más seguido. Y esto es bueno para nuestro negocio y para nuestra cultura”, dice con orgullo.
Cuando los atletas comiencen a llegar, tendrán otro obstáculo que vencer: el clima. El calor en Beijing es agobiante en esta época del año y rebasa los 30 grados todos los días, pudiendo incluso ir más allá de los 40 grados centígrados. A esto súmese una fuerte humedad, por arriba del 80 por ciento, y se tiene una receta para una fuerte exigencia física. La contaminación es otro problema. El gobierno invirtió, en los últimos 10 años, nada menos que 17 mil millones de dólares para conseguir que el número de “días de cielo azul” subiera de 100, en 1998, a 256, en 2007. Aún así, los últimos días de junio fueron grises, con una visibilidad que no permitía ver más allá de tres cuadras delante de nuestros ojos.
Sin embargo, los chinos confían que en el octavo día, del octavo mes, del octavo año de este milenio, a las ocho de la noche, la suerte les sonría y todo salga perfectamente bien, dado que el ocho es su número de la fortuna. Ellos saben que, en ese día, habrá más gente mirando hacia su capital que lo que hicieron en sus dos mil años de historia, y quieren que su bella y tímida novia luzca bonita, lo suficiente para que el mundo se enamore de ella.
Sergio Oliveira / Enviado
EL DATO:
Junto a la sede principal, Beijing, seis ciudades más acompañarán a la capital china para albergar la justa olímpica. Las subsedes son: Hong Kong, Shanghai, Qingdao, Shenyang, Qinhuangdao y Tianjin.
BEIJING, CHINA.- La capital china, tímida como una joven oriental, se apura para lucir espléndida el 8 de agosto próximo.
Su recato no esconde su vanidad. Beijing, que será la niña de los ojos del planeta dentro de un mes, se arregla con prisa, afinando los últimos detalles para la gran fiesta del deporte mundial. Se verá, sin duda, magnífica, aunque tenga que cruzar los dedos para que sus invitados no perciban uno que otro rincón indeseable en su casa.
Hay dos Beijing en estos días. Una, es la que el gobierno chino se apura para terminar a tiempo para recibir a los invitados de los Juegos Olímpicos. Esta Beijing, que aún no está lista, busca mostrar la imagen de la China pujante, rica, poderosa y desarrollada que sus gobernantes quieren que el mundo vea. En ella, hay el que probablemente sea el mayor y más moderno aeropuerto del mundo, con su techo en forma de alas de dragón en la nueva y aún no inaugurada Terminal 3. Hay, también, grandes avenidas, de cuatro o más carriles, invariablemente enmarcadas por camellones perfectos, llenos de flores multicolores, que siguen siendo plantadas por cientos, tal vez miles de trabajadores. Hay demostraciones de arquitectura arrojada en la forma de edificios altos, verdaderas esculturas verticales, tótems de la modernidad. Hay los estadios vanguardistas, cuyo representante máximo es el “Nido de pájaro”, sede de la apertura y clausura de los Juegos, que se yergue imponente cerca del centro de la ciudad. A 37 días de la apertura de los Juegos, aún no era posible siquiera acercarse a él para una foto, que tiene que ser tomada desde lejos, para frustración de los visitantes tempraneros. La Ciudad Prohibida, inmortalizada en la película “El Último Emperador”, de Bernardo Bertolucci, tuvo varios de sus edificios clausurados para remodelación. El más importante de ellos, en el que se tomaban decisiones de estado, sigue cerrado al público.
Los caminos principales de Beijing, como el que lleva a la Villa Olímpica, al centro desde el aeropuerto y desde la Villa y hasta los estadios, también fueron completamente remodelados, faltando detalles en algunos casos, como las flores en los camellones.
Para llegar al velódromo, que está a 45 kilómetros de Beijing, se toma una carretera digna de las mejores que se pueden ver en Estados Unidos o Europa. Curiosamente, la entrada a una de las maravillas de la humanidad, la Gran Muralla, que se encuentra en esa misma carretera, a poco más de 15 kilómetros después del velódromo, le hace falta al menos una “manita de gato”, aunque sí están preparando unas gradas para un espectáculo de luz y sonido y cerraron la gran mayoría de las tiendas que vendían recuerdos y artesanías y agobiaban a los turistas.
El otro lado de la moneda no es difícil de verse. Basta con salir un poco de las rutas que llevan a estadios o a la Villa para que se perciba que los 300 millones de chinos de clase media, son minoría ante los mil millones de pobres que viven en departamentos viejos, de 35 metros cuadrados, o en pequeños callejones, llamados “hudongs”, con casas que tienen baño comunitario.
“La vida no está fácil en años recientes”, afirma Dong Zhao, un vendedor ambulante de artículos relacionados con las Olimpiadas. “La vivienda aumentó su precio tres veces en los últimos tres años. La gasolina, que costaba tres yuanes (50 centavos de dólar), ahora sale a 6.2 yuanes”. Aún así, Dong está emocionado con los Juegos. “El mundo nos va a conocer mejor. Va a querer visitarnos más seguido. Y esto es bueno para nuestro negocio y para nuestra cultura”, dice con orgullo.
Cuando los atletas comiencen a llegar, tendrán otro obstáculo que vencer: el clima. El calor en Beijing es agobiante en esta época del año y rebasa los 30 grados todos los días, pudiendo incluso ir más allá de los 40 grados centígrados. A esto súmese una fuerte humedad, por arriba del 80 por ciento, y se tiene una receta para una fuerte exigencia física. La contaminación es otro problema. El gobierno invirtió, en los últimos 10 años, nada menos que 17 mil millones de dólares para conseguir que el número de “días de cielo azul” subiera de 100, en 1998, a 256, en 2007. Aún así, los últimos días de junio fueron grises, con una visibilidad que no permitía ver más allá de tres cuadras delante de nuestros ojos.
Sin embargo, los chinos confían que en el octavo día, del octavo mes, del octavo año de este milenio, a las ocho de la noche, la suerte les sonría y todo salga perfectamente bien, dado que el ocho es su número de la fortuna. Ellos saben que, en ese día, habrá más gente mirando hacia su capital que lo que hicieron en sus dos mil años de historia, y quieren que su bella y tímida novia luzca bonita, lo suficiente para que el mundo se enamore de ella.
Sergio Oliveira / Enviado
EL DATO:
Junto a la sede principal, Beijing, seis ciudades más acompañarán a la capital china para albergar la justa olímpica. Las subsedes son: Hong Kong, Shanghai, Qingdao, Shenyang, Qinhuangdao y Tianjin.