Deportes
* Marioni
A propósito Por JAIME GARCÍA ELÍAS
Se trata del clásico alegato en que, bien vistas las cosas, los dos tienen razón...
*
Bruno Marioni, porque considera haber tenido una buena temporada con el Atlas. Independientemente de que su cosecha de goles en el Torneo de Clausura fue magra --tres “dianas” solamente--, su productividad en la Copa Libertadores alcanzó un nivel muy estimable. Los siete goles del “Barullo”, más la suerte de merenguero que tuvo al ganar el “volado” con que se resolvió, a favor de su equipo, el Torneo Interliga, lo convirtieron --y al Atlas, de rebote-- en protagonistas, en toda la extensión de la palabra, del certamen continental. Y lo hicieron a despecho de las previsiones en el sentido de que uno y otro serían, en el mejor de los casos, “extras” en ese torneo.
Sin embargo, también resulta comprensible la posición de la directiva rojinegra, de negarse a conceder al atacante argentino el incremento salarial que demandaba: a sus 34 años --es decir, aún con presente... pero ya no con futuro como futbolista-- y con una rodilla que ya está viviendo horas extras en las canchas, contratar a Marioni --y más al precio que él pretende-- es correr un grave riesgo: tan grave como comprar, al precio de un Alfa Romeo recién sacado de la agencia, un prototipo que aún funciona... pero que avisa que ya está a punto de desbielarse.
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Suceden estas cosas porque el Atlas, en ese departamento, sigue a expensas del azar...
Carlos María Morales llegó al equipo ya en el ocaso de su carrera. Cuando Robert de Pinho le estaba funcionando, se fue a Europa --como consta en actas-- “como las criadas”, sólo a devaluarse porque ni en Holanda, ni en España, ni en el Monterrey (en su “regreso sin gloria” al futbol mexicano) volvieron a soplarle los vientos propicios que lo acompañaron en su primera época como rojinegro.
La lista continuó con Reinaldo Navia: ejemplo perfecto de “cartucho quemado”... Y ahora que Bruno Marioni parecía haber encontrado las condiciones favorables para renacer de sus cenizas, después de su fugaz --y malhadada-- experiencia en el Boca Juniors, sucede esto: que por los dólares que el jugador aún cree poder devengar, pero los dirigentes del Atlas sospechan que ya no, uno y otro se quedan, como en el cuento consabido, “colgados de la brocha”... porque mutuamente se sacaron la escalera.
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Bruno Marioni, porque considera haber tenido una buena temporada con el Atlas. Independientemente de que su cosecha de goles en el Torneo de Clausura fue magra --tres “dianas” solamente--, su productividad en la Copa Libertadores alcanzó un nivel muy estimable. Los siete goles del “Barullo”, más la suerte de merenguero que tuvo al ganar el “volado” con que se resolvió, a favor de su equipo, el Torneo Interliga, lo convirtieron --y al Atlas, de rebote-- en protagonistas, en toda la extensión de la palabra, del certamen continental. Y lo hicieron a despecho de las previsiones en el sentido de que uno y otro serían, en el mejor de los casos, “extras” en ese torneo.
Sin embargo, también resulta comprensible la posición de la directiva rojinegra, de negarse a conceder al atacante argentino el incremento salarial que demandaba: a sus 34 años --es decir, aún con presente... pero ya no con futuro como futbolista-- y con una rodilla que ya está viviendo horas extras en las canchas, contratar a Marioni --y más al precio que él pretende-- es correr un grave riesgo: tan grave como comprar, al precio de un Alfa Romeo recién sacado de la agencia, un prototipo que aún funciona... pero que avisa que ya está a punto de desbielarse.
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Suceden estas cosas porque el Atlas, en ese departamento, sigue a expensas del azar...
Carlos María Morales llegó al equipo ya en el ocaso de su carrera. Cuando Robert de Pinho le estaba funcionando, se fue a Europa --como consta en actas-- “como las criadas”, sólo a devaluarse porque ni en Holanda, ni en España, ni en el Monterrey (en su “regreso sin gloria” al futbol mexicano) volvieron a soplarle los vientos propicios que lo acompañaron en su primera época como rojinegro.
La lista continuó con Reinaldo Navia: ejemplo perfecto de “cartucho quemado”... Y ahora que Bruno Marioni parecía haber encontrado las condiciones favorables para renacer de sus cenizas, después de su fugaz --y malhadada-- experiencia en el Boca Juniors, sucede esto: que por los dólares que el jugador aún cree poder devengar, pero los dirigentes del Atlas sospechan que ya no, uno y otro se quedan, como en el cuento consabido, “colgados de la brocha”... porque mutuamente se sacaron la escalera.