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* Cese

A propósito, por Jaime García Elías

Los dirigentes del Atlas aplicaron, como es común en estos casos, el Artículo primero de la Ley General de Hilados y Tejidos (ya nos pondremos a mano con las regalías, licenciado Ángel Guillermo Ruiz Moreno), que a la letra dice: “La hebra se revienta siempre por lo más delgado”.

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En plena tempestad, con los devotos de la causa molestos porque los dueños de la pelota fueron incapaces de impedir la salida de Diego Colotto (con el consiguiente debilitamiento de un plantel ya de por sí bastante trespeleque a raíz de las ventas de Marioni y Medina y del escaso beneficio que ha redituado la compra de los sudamericanos Vargas, Bogado y Bottinelli, como lo demuestran los magros resultados cosechados en lo que va del Torneo de Apertura), adquirido por el Deportivo La Coruña, el cese de Miguel Ángel Brindisi como timonel viene a la medida al efecto de encontrar un chivo expiatorio.

En el entendido de que probablemente la derrota (3-0) del domingo pasado ante los Pumas pudiera interpretarse como indicio de que ya se tocó fondo, de que ya no es posible que el equipo juegue peor, de que está prácticamente descartada la posibilidad de que Puebla e Indios --los próximos adversarios-- le falten al respeto, como lo hicieron Cruz Azul, Tigres y San Luis, los dirigentes rojinegros decidieron --como dijo un despistado-- “matar dos piedras con un solo pájaro”... Por una parte, suscribirse a la fórmula de cajón: “Cuando un equipo se muere, el técnico es el culpable”. Por la otra, generar un poco de ruido mediático para acallar el malestar por la transferencia --inevitable, por lo demás-- de Colotto.

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Tanto el cese de Brindisi como la designación de Darío Franco como su reemplazo, se antojan medidas desesperadas. Ni uno ni otra parecen ser frutos de la reflexión. La primera denota el afán de aparentar preocupación por la errática marcha del equipo en la competencia doméstica: “que no se diga que los dueños del balón se dedican a tocar la lira, como Nerón, mientras Roma arde”. En cuanto al nombramiento de Darío, ni su aún breve historial como director técnico ni las referencias de quienes han trabajado bajo su mando lo respaldan como alguien a quien pueda encomendarse la responsabilidad de devolver la lozanía a un equipo que está para la sala de terapia intensiva del sanatorio más próximo.

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