Deportes

* Anemia

A propósito, por Jaime García Elías

Antes de cerrar el paréntesis obligado por el compromiso de la Selección Nacional, el miércoles ante Honduras, dentro de la eliminatoria mundialista, otro apunte...

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Algún analista hacía el balance del desempeño y la efectividad de las dos escuadras en la etapa inicial del encuentro en cuestión: “México, cualquier cantidad de llegadas..., cero goles; Honduras, cero llegadas..., un gol”.

Podrá parecer exagerada esa síntesis del partido. El hecho objetivo es que así fue... Los mexicanos fueron amos en la cancha y dueños del balón. Cuatro o seis veces llegaron a la zona de definición. Empero, fueron incapaces de poner la rúbrica contundente a una sola de sus llegadas... Los catrachos, en tanto, dedicados a defenderse, preocupados en especular, desentendidos de la ofensiva, inéditos en la zona de definición, tuvieron en una falta, a diez metros del área, una solitaria y triste ocasión de manifestarse. Con eso les bastó. De León, con un poema de ejecución, dejó estáticos a los hombres de la barrera e hizo inútil el vuelo --plausible sólo para efectos de la foto-- de Osvaldo Sánchez. Así abrieron el marcador y pusieron a temblar a miles de mexicanos.

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Para la réplica del “Tri”, obligada por las circunstancias, el panorama para Sven-Goran Eriksson y sus auxiliares, en la banca, era desolador...

De los jugadores a quienes tuvo oportunidad de observar en el par de fugaces concentraciones previas, ni Landín ni Fonseca se quedaron en la lista definitiva. Por algo sería... De los “europeos” --como pomposamente se llama a los mexicanos que militan en la Legión Extranjera del viejo continente--, ni Vela ni Giovani, en el primer tiempo, ni Franco, en el segundo, significaron una presencia en el área, preocupante para los adversarios. Bravo, que estuvo en la banca, hoy por hoy, desencanchado, aún sin actividad como titular con el Deportivo La Coruña que se lo llevó como “refuerzo”, es una incógnita. Franco, una nulidad.

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Los dos próximos adversarios del “Tri” son, en teoría, de poca monta. Ni Panamá ni Canadá merecen que se les considere como adversarios exigentes. Ninguno representa una amenaza seria para las aspiraciones de los jugadores y las exigencias de los aficionados mexicanos...

Así, ambos compromisos pueden servir de laboratorio para que el flamante técnico nacional experimente con algunas fórmulas de ataque. Porque si las perspectivas de México dependerán del talento de sus atacantes, ya estuvo...

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