Cultura
La arquitectura como promesa de felicidad
González Gortázar se encuentra en la ciudad, en una breve estancia con motivo de la intervención de ''realidad aumentada''
GUADALAJARA, JALISCO.- Para el arquitecto y escultor Fernando González Gortázar (1942), la primera impresión que le causa su regreso a la ciudad, a la que cada vez visita con menos frecuencia desde su partida, es que “Guadalajara lo tuvo todo y dejó pasar las oportunidades” para convertirse en una ciudad para todos.
El creador de La gran puerta (1969), ubicada en la colonia Jardines Alcalde, explica que dejó la capital jalisciense, la misma que le dio de comer hasta los 50 años de edad, “porque no tenía nada que hacer en Guadalajara, lo digo en el sentido más literal: no tenía nada que hacer aquí”.
González Gortázar se encuentra en la ciudad, en una breve estancia con motivo de la intervención de “realidad aumentada”, la cual consiste en la proyección de un video y animación con atmósferas sonoras, que el colectivo de artistas Nobject realizará a cuatro esculturas de su autoría del jueves 15 al domingo 18 de abril (EL INFOMADOR, lunes 12 de abril de 2010) y por cuestiones de trabajo, ya que desde hace 15 años tiene a su cargo la construcción del Centro Universitario de los Altos (CUAltos) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), un proyecto que ha ido creciendo, incluso rebasando lo que en un principio se puso sobre el papel, debido a la enorme población estudiantil de la región.
Aunque el arquitecto capitalino se considera a sí mismo un total desapegado a su trabajo, en el que se incluyen edificios y esculturas edificadas tanto en territorio nacional como en el extranjero, “es de lo más conmovedor que la gente no sólo respete, sino que ame los espacios que uno construye, que sienta que de algún modo le ayudan a vivir, que son una fuente de felicidad. Ésta es la mayor grandeza de la arquitectura, cuando es una promesa de felicidad; creo que la que no lo es, no es arquitectura, por lo menos no es gran arquitectura”.
Aún recuerda la época de mayor esplendor de la arquitectura hecha en México, realizada en las décadas de los cincuenta y sesenta por un grupo de talentosos artífices egresados principalmente de las primeras generaciones de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara, fundada en 1949 por Ignacio Díaz Morales, quien invitó a formar parte del personal docente a lo más granado de arquitectos europeos, entre ellos el alemán Mathias Goeritz, catedrático y orientador en la enseñanza de la disciplina en esta ciudad.
A estos 15 años que Fernando González Gortázar se refiere como los mejores de la arquitectura desarrollada en el país, “le siguieron la grisura, la medriocridad, el mercantilismo, el seguimiento acrítico de las modas del mundo, la arquitectura contemporánea de Jalisco perdió toda identidad propia, perdió esa sensibilidad hacia el clima, hacia las formas de vidas, hacia los materiales tradicionales, hacia la mano de obra artesanal de los albañiles. Intentó ridículamente volverse internacional y lo único que consiguió fue volverse de ninguna parte y no importarle a nadie”.
Sobre el presente de la “promesa de la felicidad” en Jalisco, como define a la arquitectura el también autor de la Fuente de las Escaleras en Fuenlabrada (Madrid, 1987) -la obra de su autoría que mayor satisfacción le causa-, expresa que justo ahora ve una generación de arquitectos muy talentosos como hace años no sucedía, para lo que recomienda apoyarlos, dejarlos trabajar y evitar una fuga de cerebros.
EL INFORMADOR/ Omar Castañeda
“A Guadalajara sólo regreso a morir”
Fernando González Gortázar, arquitecto.
El creador de La gran puerta (1969), ubicada en la colonia Jardines Alcalde, explica que dejó la capital jalisciense, la misma que le dio de comer hasta los 50 años de edad, “porque no tenía nada que hacer en Guadalajara, lo digo en el sentido más literal: no tenía nada que hacer aquí”.
González Gortázar se encuentra en la ciudad, en una breve estancia con motivo de la intervención de “realidad aumentada”, la cual consiste en la proyección de un video y animación con atmósferas sonoras, que el colectivo de artistas Nobject realizará a cuatro esculturas de su autoría del jueves 15 al domingo 18 de abril (EL INFOMADOR, lunes 12 de abril de 2010) y por cuestiones de trabajo, ya que desde hace 15 años tiene a su cargo la construcción del Centro Universitario de los Altos (CUAltos) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), un proyecto que ha ido creciendo, incluso rebasando lo que en un principio se puso sobre el papel, debido a la enorme población estudiantil de la región.
Aunque el arquitecto capitalino se considera a sí mismo un total desapegado a su trabajo, en el que se incluyen edificios y esculturas edificadas tanto en territorio nacional como en el extranjero, “es de lo más conmovedor que la gente no sólo respete, sino que ame los espacios que uno construye, que sienta que de algún modo le ayudan a vivir, que son una fuente de felicidad. Ésta es la mayor grandeza de la arquitectura, cuando es una promesa de felicidad; creo que la que no lo es, no es arquitectura, por lo menos no es gran arquitectura”.
Aún recuerda la época de mayor esplendor de la arquitectura hecha en México, realizada en las décadas de los cincuenta y sesenta por un grupo de talentosos artífices egresados principalmente de las primeras generaciones de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara, fundada en 1949 por Ignacio Díaz Morales, quien invitó a formar parte del personal docente a lo más granado de arquitectos europeos, entre ellos el alemán Mathias Goeritz, catedrático y orientador en la enseñanza de la disciplina en esta ciudad.
A estos 15 años que Fernando González Gortázar se refiere como los mejores de la arquitectura desarrollada en el país, “le siguieron la grisura, la medriocridad, el mercantilismo, el seguimiento acrítico de las modas del mundo, la arquitectura contemporánea de Jalisco perdió toda identidad propia, perdió esa sensibilidad hacia el clima, hacia las formas de vidas, hacia los materiales tradicionales, hacia la mano de obra artesanal de los albañiles. Intentó ridículamente volverse internacional y lo único que consiguió fue volverse de ninguna parte y no importarle a nadie”.
Sobre el presente de la “promesa de la felicidad” en Jalisco, como define a la arquitectura el también autor de la Fuente de las Escaleras en Fuenlabrada (Madrid, 1987) -la obra de su autoría que mayor satisfacción le causa-, expresa que justo ahora ve una generación de arquitectos muy talentosos como hace años no sucedía, para lo que recomienda apoyarlos, dejarlos trabajar y evitar una fuga de cerebros.
EL INFORMADOR/ Omar Castañeda
“A Guadalajara sólo regreso a morir”
Fernando González Gortázar, arquitecto.