Cultura
Rodolfo Caloca reconstruye la “bella” Guadalajara
El artista reconstruyó la antigua capital jalisciense en Mi bella Guadalajara, exposición que se encuentra en la Cámara de Comercio de Guadalajara (Canaco)
GUADALAJARA, JALISCO (09/OCT/2010).- Sólo a partir de la memoria y de la palabra fue como el caricaturista y artista plástico Rodolfo Caloca reconstruyó la antigua capital jalisciense en Mi bella Guadalajara, exposición que se encuentra en la Cámara de Comercio de Guadalajara (Canaco).
La muestra de 16 óleos se acompaña de más de una veintena de caricaturas que realizó para este diario -para el que laboró durante muchos años- y en las que se refleja con humor la vida política del país y sobre aspectos y personajes del mundo deportivo.
Caloca explica que su incursión en el óleo, “la terapia intensiva”, como la denomina, se debe a un interés personal que le surgió tras un derrame cerebral que tuvo hace algunos años. Contra todos los pronósticos negativos, salió adelante y volvió al trazo, aunque esta vez no con una pluma sino con un pincel.
“Esa manera de distraerme, con la que estoy muy contento, me quita algunos años de encima y me da una fuerza tremenda para seguir pintando”, afirma el artista plástico septuagenario flanqueado por dos de los 16 óleos.
Apenas hace un año fue que Rodolfo Caloca comenzó a pintar por puro placer hasta que comenzó a dominar la técnica. De porqué Guadalajara es el tema central de su obra, señala que es “para que los jóvenes conozcan la bella ciudad que teníamos y que hoy con tanto coche, contaminación y demás, la hemos perdido. Sin embargo, cuando veo la bella Guadalajara en mis pinturas me pone de muy buen humor, más allá de la nostalgia”.
En el primer piso de la Canaco se encuentra la exposición Mi bella Guadalajara, en la cual se puede apreciar la Catedral de Guadalajara, el Templo de Santa Mónica, el interior del Instituto Cultural Cabañas, el Mercado San Juan de Dios, acompañado todavía por la Plaza de Toros que se encontraba en lo que hoy se conoce como la Plaza Tapatía, las angostas calles libres para el disfrute de los peatones en el Centro de la ciudad, el Teatro Degollado y el Palacio Municipal de Zapopan, imagen que se alcanzó a colar “porque la obra que tengo es muy grande, tengo a Tlaquepaque y Chapala y otros municipios, y en esta exposición alcanzó a entrar Zapopan”.
Aunque ha sido poco el tiempo que ha trabajado el óleo, el ex diseñador editorial señala que “no extraña la pluma, porque disfruto mucho estar frente al lienzo pintando: el olor, el pincel, la pintura, son experiencias que a esta edad emocionan de sobremanera, por lo que no he pensado en volver a la pluma”.
Agrega que se encariña pronto con las técnicas, como fue en el caso del óleo y en su momento con la pluma y papel para realizar los cientos de cartones editoriales para este diario.
“En su momento estuve muy encariñado con la pluma, hoy con el pincel. Ambos me han dado mucha felicidad y también algo de presión por el tipo de trabajo que fue la realización de cartones editoriales, pero eran momentos bonitos. Hoy la pintura la hago sin ningún compromiso, más relajado en mi casa, pero con la misma pasión que cuando hacía caricatura”, abunda Rodolfo Caloca.
La muestra de 16 óleos se acompaña de más de una veintena de caricaturas que realizó para este diario -para el que laboró durante muchos años- y en las que se refleja con humor la vida política del país y sobre aspectos y personajes del mundo deportivo.
Caloca explica que su incursión en el óleo, “la terapia intensiva”, como la denomina, se debe a un interés personal que le surgió tras un derrame cerebral que tuvo hace algunos años. Contra todos los pronósticos negativos, salió adelante y volvió al trazo, aunque esta vez no con una pluma sino con un pincel.
“Esa manera de distraerme, con la que estoy muy contento, me quita algunos años de encima y me da una fuerza tremenda para seguir pintando”, afirma el artista plástico septuagenario flanqueado por dos de los 16 óleos.
Apenas hace un año fue que Rodolfo Caloca comenzó a pintar por puro placer hasta que comenzó a dominar la técnica. De porqué Guadalajara es el tema central de su obra, señala que es “para que los jóvenes conozcan la bella ciudad que teníamos y que hoy con tanto coche, contaminación y demás, la hemos perdido. Sin embargo, cuando veo la bella Guadalajara en mis pinturas me pone de muy buen humor, más allá de la nostalgia”.
En el primer piso de la Canaco se encuentra la exposición Mi bella Guadalajara, en la cual se puede apreciar la Catedral de Guadalajara, el Templo de Santa Mónica, el interior del Instituto Cultural Cabañas, el Mercado San Juan de Dios, acompañado todavía por la Plaza de Toros que se encontraba en lo que hoy se conoce como la Plaza Tapatía, las angostas calles libres para el disfrute de los peatones en el Centro de la ciudad, el Teatro Degollado y el Palacio Municipal de Zapopan, imagen que se alcanzó a colar “porque la obra que tengo es muy grande, tengo a Tlaquepaque y Chapala y otros municipios, y en esta exposición alcanzó a entrar Zapopan”.
Aunque ha sido poco el tiempo que ha trabajado el óleo, el ex diseñador editorial señala que “no extraña la pluma, porque disfruto mucho estar frente al lienzo pintando: el olor, el pincel, la pintura, son experiencias que a esta edad emocionan de sobremanera, por lo que no he pensado en volver a la pluma”.
Agrega que se encariña pronto con las técnicas, como fue en el caso del óleo y en su momento con la pluma y papel para realizar los cientos de cartones editoriales para este diario.
“En su momento estuve muy encariñado con la pluma, hoy con el pincel. Ambos me han dado mucha felicidad y también algo de presión por el tipo de trabajo que fue la realización de cartones editoriales, pero eran momentos bonitos. Hoy la pintura la hago sin ningún compromiso, más relajado en mi casa, pero con la misma pasión que cuando hacía caricatura”, abunda Rodolfo Caloca.